Abejas que crían a sus pequeños en las cavidades de huesos fosilizados: es precisamente esta escena inesperada la que descubrieron paleontólogos en una cueva de la isla de La Española, donde desenterraron los primeros nidos fosilizados de abejas construidos dentro de antiguos restos animales.
Dentro de la Cueva de Mono, en República Dominicana, los científicos encontraron miles de fósiles de un roedor llamado hutía. Estos huesos fueron acumulados durante generaciones por lechuzas gigantes. Mucho después de la desaparición de estos depredadores y sus presas, las abejas sepultureras invirtieron en los alvéolos dentales vaciados y otras cavidades para instalar allí sus crías.
Los alvéolos de las hutías resultaron ser del tamaño ideal para los nidos de abejas sepultureras. Crédito: Imagen de Viñola-López et al. (2025)
A primera vista, los investigadores pensaron en nidos de avispas, tras una observación similar durante excavaciones anteriores. No obstante, un examen minucioso reveló una superficie lisa en el interior de las cavidades, una firma típica de los nidos de abejas. Estos insectos aplican de hecho una sustancia cerosa para impermeabilizar su vivienda, a diferencia de las avispas que emplean una mezcla rugosa de saliva y fibras.
Este error inicial condujo a una investigación más profunda. Después de consultar a expertos en entomología y analizar la estratigrafía de la cueva, los paleontólogos constataron que las abejas también habían anidado en la cavidad pulpar de un diente de perezoso y en una vértebra de hutía. Incluso ocurría que varios nidos estaban superpuestos en un mismo alvéolo.
En algunos casos, varios nidos fueron construidos en el mismo alvéolo, como muestra esta scanografía. Crédito: Imagen de Viñola-López et al. (2025)
El paisaje kárstico de la región explica en parte este comportamiento inusual. Los suelos naturales allí son raros, a menudo lixiviados en las cuevas donde se acumulan. Estos depósitos constituyen uno de los pocos sustratos propicios para las abejas sepultureras, incitándolas así a aventurarse en las cavidades subterráneas para encontrar allí sitios de nidificación.
Publicada en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, esta investigación documenta un fenómeno sin equivalente conocido.