El sonrojo facial que aparece a veces después de una copa de alcohol, muy frecuente en personas de origen asiático oriental, es mucho más que una simple molestia social. Esta reacción, llamada 'rubor asiático', presenta de hecho un vínculo directo con el infarto de miocardio.
Cerca del 40 % de los individuos asiáticos orientales (chinos, japoneses, taiwaneses y coreanos) son portadores de una variación del gen ALDH2, responsable de esta intolerancia al alcohol que genera un sonrojo rápido y excesivo del rostro e incluso del cuerpo entero. Esta mutación también está presente en otras poblaciones pero en proporciones mucho menores.
Más allá de estos efectos visuales, esta mutación parece también influir en la manera en que el corazón reacciona frente a un estrés agudo, como un ataque cardíaco, donde los daños tisulares resultan importantes.
Imagen de ilustración Unsplash
Un equipo de investigadores, dirigido por el profesor Yin Huiyong, ha descrito en Circulation cómo esta mutación activa la ferroptosis, un tipo específico de muerte celular. Este proceso acelera la degradación de los tejidos cardíacos durante un infarto, proporcionando así una explicación biológica a las observaciones clínicas. La ferroptosis se caracteriza por una acumulación de lípidos y hierro, conduciendo a la destrucción rápida de las células musculares del corazón.
Un estudio clínico que incluyó a 177 pacientes chinos confirmó que los portadores de la mutación presentaban una función cardíaca más débil después de un infarto. Los indicadores de ferroptosis, como la reducción del coenzima Q10, eran más elevados, lo que indica una actividad celular deletérea aumentada. Estos resultados establecen una correlación directa entre la variación genética y el agravamiento de las lesiones cardíacas.
Experimentos en modelos animales han mostrado que la inhibición de la ferroptosis mejoraba la recuperación cardíaca después de un infarto. Esto abre la vía a la adaptación de tratamientos existentes. Los investigadores emplearon métodos genéticos y farmacológicos para confirmar estos enfoques, con efectos positivos sobre la función cardíaca.