Investigadores de la Universidad McGill y de la Universidad Adolfo Ibáñez, en Chile, realizaron una de las revisiones más completas hasta la fecha sobre la reacción del cerebro a la naturaleza, examinando más de 100 estudios de imágenes cerebrales de diversas disciplinas.
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"Por instinto, sabemos que la naturaleza hace bien, pero las neurociencias proporcionan una base cientÃfica creÃble para la orientación de las polÃticas de salud y el diseño de nuestros espacios de vida", indica Mar Estarellas, coautora principal e investigadora postdoctoral en la División de PsiquiatrÃa Social y Transcultural del Departamento de PsiquiatrÃa de la Universidad McGill.
Cuatro señales de un cerebro calmado
Al reunir los resultados de una amplia gama de estudios, el equipo de investigación vio emerger lo que llama un "modelo en cascada", que ilustra la reacción del cerebro a la naturaleza:
- El procesamiento sensorial cambia: Los patrones fractales que se encuentran en la naturaleza son más fáciles de procesar para el cerebro y requieren menos esfuerzo mental que los estÃmulos rápidos y visualmente densos a los que está expuesto en las ciudades o en lÃnea.
- Las rumiaciones mentales se desvanecen: Las redes cerebrales relacionadas con los pensamientos recurrentes centrados en uno mismo están menos activas, lo que favorece una sensación de calma interior.
En el momento en el que nos preocupamos cada vez más del tiempo excesivo pasado frente a las pantallas, los resultados del estudio parecen indicar que la naturaleza opera una especie de reinicio mental inaccesible mediante una simple desintoxicación digital, explica Mar Estarellas.