El análisis detallado de más de un millar de restos humanos en el valle del Nilo ha revelado una práctica hasta ahora desconocida: el tatuaje facial de niños muy pequeños durante los primeros siglos de la era cristiana. Este descubrimiento ha sido posible gracias a tecnologÃas de imagen avanzadas. Lejos de ser anecdótica, esta modificación corporal señala una profunda reorganización de los códigos culturales dentro de las poblaciones nubias medievales.
La imagen multiespectral funciona capturando la reflexión de la luz a diferentes longitudes de onda, más allá del espectro visible. Aplicada a la arqueologÃa, esta tecnologÃa hace visibles detalles invisibles a simple vista, como los residuos de pigmentos orgánicos enterrados en la piel. Su uso en los restos del valle del Nilo ha sido determinante para localizar tatuajes que habÃan sido naturalmente desvanecidos por el tiempo y las condiciones climáticas.
Entre los individuos tatuados figuran varios niños muy pequeños, incluido uno de aproximadamente 18 meses con rastros de tatuajes claramente visibles, y otro de 7 a 10 meses sobre el cual aún subsisten algunas dudas. La localización de los motivos en la frente y las sienes es particularmente llamativa. Este descubrimiento implica una práctica intencional y socialmente aceptada, realizada en sujetos muy jóvenes, lo que cuestiona directamente sus motivaciones y su significado cultural.
El cuerpo como testigo: el impacto del cristianismo en las prácticas nubias
Antes del siglo VII, los datos indican que el tatuaje en Nubia era principalmente patrimonio de las mujeres adultas. Los motivos, discretos y compuestos por puntos, adornaban las manos y los antebrazos, asociados con sÃmbolos naturales o identitarios. El advenimiento del perÃodo cristiano parece haber modificado radicalmente esta tradición, ampliando las personas concernidas y desplazando las marcas hacia el rostro.
El sitio de Kulubnarti, ocupado entre los siglos VII y X, ilustra este trastorno. Cerca de un quinto de los individuos exhumados portan tatuajes, sin distinción de sexo o edad. Las marcas faciales, a menudo rombos o cruces simplificadas formadas por puntos, se convierten en signos visibles y expresivos. Esta mayor visibilidad sugiere una función nueva, probablemente relacionada con la afirmación pública de una pertenencia religiosa.