Un agujero negro supermasivo que, años después de haber devorado una estrella, continúa emitiendo intensas ondas de radio: esto es exactamente lo que los astrónomos acaban de observar. Un fenómeno comparable a un "eructo" cósmico, que demuestra que el festín de estos gigantes no ha terminado cuando la luz visible se apaga.
Las disrupciones por efecto de marea (TDE, por sus siglas en inglés) ocurren cuando una estrella se aventura demasiado cerca de un agujero negro supermasivo. Bajo el efecto de una gravedad extrema, es estirada en un filamento de gas, un proceso conocido como "espaguetificación". Estos eventos son raros, aproximadamente uno cada 100 000 años por galaxia, lo que impulsa a los astrónomos a monitorear un gran número de galaxias con la esperanza de capturar uno.
Una estrella pasando demasiado cerca de un agujero negro supermasivo. Imagen Wikimedia
Durante seis años, un equipo utilizó el Very Large Array (VLA) en Nuevo México para realizar las primeras observaciones de radio sistemáticas de decenas de TDE. Al cruzar estos datos con archivos ópticos, ultravioletas y nuevos sondeos de rayos X, analizaron 31 TDE bien documentados. Sus resultados, publicados en The Astrophysical Journal, muestran que las explosiones de radio tardías aparecen en dos situaciones extremas: o el agujero negro engulle el gas muy rápidamente, o su ritmo de alimentación se ha ralentizado considerablemente.
En ambos casos, una parte del gas es expulsada en lugar de ser tragada, y entra en colisión con el gas circundante. Este choque genera ondas que aceleran las partículas, produciendo radiación sincrotrón en el dominio de radio. Este mecanismo se desarrolla de la misma manera, independientemente del tamaño del agujero negro, ya sea modesto o millones de veces más masivo que el Sol, según los astrofísicos.
Además, un indicio químico permite predecir estas erupciones tardías: la presencia de líneas de helio en el espectro óptico temprano. Esta firma indica que los restos estelares tardan en formar un disco estable alrededor del agujero negro, garantizando casi con certeza un "eructo" cósmico futuro. Los astrónomos estiman que el período de 2 a 6 años después del descubrimiento es el más propicio para detectar estas señales de radio, y que cerca del 40 % de las TDE generan tales emisiones tardías.
Gracias a esta huella predictiva, los investigadores ahora pueden filtrar los agujeros negros tranquilos y concentrar sus esfuerzos en aquellos que prometen un espectáculo tardío. Esto permite optimizar el uso del tiempo de telescopio, un recurso valioso.