Los vientos del planeta Venus, medidos en aproximadamente 1 m/s por las sondas Venera, parecen modestos en comparación con los de la Tierra o Marte. Sin embargo, la densa atmósfera del planeta amplifica considerablemente sus efectos. En cuanto a las temperaturas, en los trópicos, los movimientos ascendentes durante el día y descendentes durante la noche a lo largo del relieve limitan las diferencias a menos de 1 grado Kelvin durante el día, frente a 4 grados en las llanuras.
En las cercanías de los polos, los vientos descendentes mayoritarios contrarrestan el enfriamiento permanente, estabilizando también las condiciones locales. Esta dinámica propia de cada zona es primordial para las misiones de aterrizadores que apuntan a estas regiones, como Envision. Según las simulaciones, los vientos modelan directamente la temperatura pero también los desplazamientos de polvo, otorgando a cada sector sus características.
Vista global de la superficie de Venus centrada a 180 grados de longitud este. Los mosaicos de radar de Magallanes se proyectan sobre un globo simulado. Crédito: NASA/JPL-Caltech
El transporte de polvo constituye una preocupación importante. En Alpha Regio, una meseta montañosa donde está previsto que aterrice la misión DaVINCI, el 45% de la superficie sufre vientos lo suficientemente potentes como para mover arena fina de 75 µm. Así, el aterrizador podría enfrentarse a tormentas de partículas, cuya fuerza fluctúa a lo largo del día, obligando a un diseño lo suficientemente robusto para resistirlas.
Para obtener estos resultados, el equipo eligió un enfoque regional, segmentando Venus en zonas distintas para simular la meteorología local. Este método, presentado en el Journal of Geophysical Research: Planets, permite una modelización más exacta que los modelos globales, ya que integra las disparidades entre tierras altas, tierras bajas, trópicos y polos.
Las próximas misiones se beneficiarán de estos avances para organizar sus operaciones con más precisión. Al descifrar la manera en que los vientos equilibran ciertas zonas y movilizan el polvo en otras, los científicos pueden seleccionar los lugares de aterrizaje y diseñar los instrumentos en consecuencia, mejorando así las probabilidades de éxito en este entorno tan hostil.