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🧠 Modificar su ritmo respiratorio le hace tomar decisiones diferentes
Publicado por Cédric, Autor del artículo: Cédric DEPOND Fuente:Neuron Otros Idiomas: FR, EN, DE, PT
Investigadores alemanes acaban de demostrar que el cuerpo no es un mero ejecutor de las decisiones del cerebro: es un actor de pleno derecho. Al alargar voluntariamente la espiración, el ritmo cardíaco se ralentiza y ciertas zonas cerebrales se activan de manera diferente, modificando nuestra evaluación de los riesgos y los beneficios.
Durante mucho tiempo, las neurociencias consideraron que la decisión surgía de un cálculo único realizado por la corteza. Sin embargo, cualquier persona que haya sentido palpitaciones antes de una elección importante sabe que el estado fisiológico altera las reglas del juego. La novedad de este estudio, publicado en la revista Neuron, es demostrar un vínculo causal: controlando voluntariamente la respiración, se puede orientar este sesgo corporal y utilizarlo como una palanca para modificar el comportamiento, sin necesidad de un esfuerzo mental particular.
Imagen de ilustración Unsplash
El cuerpo, brújula olvidada de nuestras elecciones
Las decisiones arriesgadas rara vez son fruto de una lógica pura. El equipo de la profesora Soyoung Q. Park, del German Institute of Human Nutrition Potsdam-Rehbruecke, reclutó a 41 voluntarios para observar este fenómeno en condiciones controladas. Cada participante debía tomar una decisión que implicaba asumir un riesgo, respetando al mismo tiempo un ritmo respiratorio impuesto. La mitad respiraba normalmente, la otra seguía un ritmo preciso: dos segundos para inspirar, ocho para espirar.
Los resultados muestran que este simple alargamiento de la espiración basta para ralentizar el corazón y aumentar la variabilidad de los intervalos entre los latidos. Este parámetro fisiológico es un marcador de flexibilidad del sistema nervioso. Sobre todo, en los participantes con espiración larga, la actividad cerebral se modificó en dos regiones clave: la corteza prefrontal ventromedial y el precúneo. Estas zonas son conocidas por su papel en la evaluación de las recompensas y la regulación de las emociones.
Los voluntarios que adoptaron esta respiración tomaron entonces decisiones más arriesgadas, pero no por imprudencia. Contrariamente a lo que se podría pensar, no subestimaban las pérdidas potenciales. En realidad, su cerebro simplemente otorgaba más peso a las ganancias posibles. La percepción del riesgo permanecía intacta, pero el atractivo por la recompensa se volvía más fuerte, como si el cerebro cambiara su sistema de ponderación sin que el sujeto fuera consciente de ello.
Una respiración para regularse mejor
Estos descubrimientos se inscriben en una concepción más amplia de la cognición, denominada "neurovisceral", donde el estado del cuerpo influye permanentemente en los procesos mentales superiores. Los investigadores hablan de un "papel transformador" de las técnicas respiratorias. A diferencia de medicamentos o terapias largas, este método es accesible para todos, no cuesta nada y se aprende en pocos minutos. Podría convertirse en una herramienta de regulación cotidiana para quienes les cuesta dar el paso o, por el contrario, frenar sus impulsos.
Las aplicaciones potenciales van más allá del simple marco de la vida profesional o las decisiones financieras. Los autores sugieren, además, extender estos trabajos a poblaciones que sufren trastornos de ansiedad o depresión. En estas patologías, la variabilidad cardíaca suele estar reducida y la percepción de las recompensas alterada. Utilizar la respiración como complemento no farmacológico podría restaurar parte de esa flexibilidad fisiológica y mejorar la respuesta a los tratamientos.
El próximo paso consistirá en verificar si estos efectos se reproducen en personas con sobrepeso, entre otras. La profesora Park recuerda que las decisiones alimentarias dependen estrechamente de la evaluación de las recompensas y del estado corporal. Si la respiración puede influir en este mecanismo, se convertiría entonces en un aliado sencillo para gestionar mejor los antojos o los impulsos. Una línea de investigación prometedora, en la intersección de las neurociencias y la medicina conductual.