Los contaminantes eternos, o PFAS, son conocidos por su notable estabilidad: resisten la degradación como pocas otras sustancias. Pero un descubrimiento reciente podría cambiar esta situación.
Científicos han demostrado que una exposición a una luz ultravioleta muy intensa basta para desencadenar su destrucción, sin necesidad de aditivos químicos. Este avance ofrece un camino prometedor para deshacerse finalmente de estas moléculas persistentes.
Representación molecular de un ácido perfluorooctanosulfónico, categorizado como PFAS. Crédito: University of Nebraska - Lincoln
Estos contaminantes se encuentran en todas partes del medio ambiente: agua potable, envases de alimentos, hasta la sangre humana. Su apodo de "contaminantes eternos" proviene de su estructura química extremadamente estable, que les permite persistir durante décadas. Los métodos actuales a menudo se limitan a filtrarlos, sin eliminarlos definitivamente.
Los investigadores observaron que bajo el efecto de una luz UV de alta energía, el agua se descompone en radicales hidrógeno, que luego atacan las moléculas de PFAS.
Estos radicales hidrógeno son extremadamente reactivos: arrancan los átomos de flúor de los PFAS, debilitando progresivamente la molécula. Este proceso la fragmenta en compuestos más pequeños y menos persistentes. El estudio muestra que la eficacia es máxima para longitudes de onda inferiores a 300 nanómetros.
Las implicaciones para el tratamiento de la contaminación son importantes. Como explica el profesor asociado Zongsu Wei, de la Universidad de Aarhus, quien dirigió la investigación, comprender este mecanismo permite diseñar tecnologías que realmente destruyan los PFAS, en lugar de simplemente desplazarlos. Los métodos actuales, como la filtración con carbón activado, solo transfieren el problema.
A pesar de este avance, los investigadores se mantienen cautelosos. El proceso de degradación sigue siendo lento y puede generar compuestos intermedios. No se trata de una solución inmediata, sino de un paso fundamental. Al identificar un verdadero motor químico de destrucción de los PFAS, la ciencia gana una dirección clara para desarrollar métodos eficaces y sostenibles.