Cada año, los científicos inscriben miles de nombres adicionales en el gran libro de la vida.
Esta dinámica fue iniciada por los trabajos del naturalista sueco Carl Linné, quien sentó las bases de la clasificación moderna hace tres siglos. Hoy, un estudio dirigido por la Universidad de Arizona y publicado en Science Advances confirma que esta búsqueda alcanza una velocidad récord. Entre 2015 y 2020, se describieron oficialmente más de 16.000 nuevas especies cada año, una cifra que no muestra ningún signo de desaceleración.
Este lagarto de casco de Costa Rica es un ejemplo de las más de 100 nuevas especies de reptiles descritas cada año. Crédito: John J. Wiens
Esta aceleración es particularmente visible en algunos grupos. Los investigadores estiman que el número total de especies de peces podría acercarse a las 115.000, mientras que solo 42.000 están actualmente registradas. Del mismo modo, las proyecciones para los anfibios indican un potencial de 41.000 especies, muy por encima de las 9.000 conocidas hasta la fecha. John Wiens, profesor y autor principal del estudio, precisa que estos miles de descubrimientos anuales incluyen una gran diversidad de organismos, desde insectos hasta plantas, pasando por vertebrados.
Paralelamente, los métodos de identificación evolucionan constantemente y abren nuevas perspectivas. Actualmente, la mayoría de las nuevas especies se reconocen gracias a sus características visibles. No obstante, las herramientas moleculares se están desarrollando y pronto permitirán revelar especies llamadas 'crípticas', indistinguibles sin análisis genético. Este enfoque promete descubrimientos, en particular, en el ámbito de las bacterias y los hongos.
Entre los descubrimientos anuales, cerca de 6.000 son insectos, como esta chicharrita originaria de la India. Crédito: John J. Wiens
Más allá de la simple curiosidad científica, esta documentación activa tiene implicaciones muy concretas. Una especie debe primero ser descrita oficialmente para poder ser protegida. Además, el descubrimiento de nuevos organismos ofrece recursos potenciales para la medicina y la tecnología, como ciertos medicamentos inspirados en animales o materiales diseñados inspirándose en capacidades naturales.
De cara al futuro, los investigadores desean cartografiar las zonas geográficas donde la biodiversidad no descubierta es probablemente más importante. También se interesan por el perfil de los científicos que realizan estos descubrimientos, observando si el trabajo se desplaza gradualmente hacia investigadores que estudian la fauna y flora de su propia región.
Este trabajo colosal, iniciado hace 300 años, está lejos de haber terminado y cada nueva especie nos ayuda a comprender mejor la riqueza de la vida en la Tierra.
La víbora de nariz jorobada de la India forma parte de los reptiles descubiertos. Se estima que podría haber más de 16.000 especies de reptiles en total. Crédito: John J. Wiens
La taxonomía moderna: nombrar para comprender
La taxonomía es la ciencia de la clasificación de los seres vivos. Fue profundamente transformada por Carl Linné en el siglo XVIII con la introducción del sistema de nomenclatura binomial, que atribuye a cada especie un nombre compuesto de dos partes, como *Homo sapiens*. Este sistema universal permite a los científicos de todo el mundo referirse precisamente a la misma especie.
Este trabajo de clasificación se basa en la observación minuciosa de las características morfológicas, como la forma de las hojas para las plantas o la estructura de las alas para los insectos. Los taxónomos comparan estos rasgos para establecer vínculos de parentesco y organizar lo vivo en categorías anidadas: reino, filo, clase, orden, familia, género y finalmente especie.
Hoy, la taxonomía integra cada vez más los datos genéticos. El análisis del ADN permite confirmar o corregir clasificaciones basadas únicamente en la apariencia, revelando a veces que lo que se consideraba una sola especie esconde en realidad varias. Esta evolución hace que la cartografía de la biodiversidad sea más precisa y fiable.
Esta disciplina es fundamental porque constituye el primer paso de cualquier estudio biológico. Sin un nombre y un lugar en el árbol de la vida, es imposible proteger una especie, estudiar su ecología o evaluar su papel en un ecosistema. Sienta las bases esenciales de nuestro conocimiento de la naturaleza.