Los científicos temen que el cambio climático provoque sequías simultáneas a escala mundial, lo que tendría graves consecuencias alimentarias para la humanidad. Un estudio sobre los datos climáticos de 1901 a 2020 muestra una realidad diferente a la estimada hasta ahora.
Los investigadores recurrieron a un enfoque basado en redes. Trataron los inicios de sequía como eventos interconectados a escala planetaria. Cuando dos zonas distantes entran en sequía en un corto intervalo de tiempo, se consideran sincronizadas.
Este método permitió identificar "polos de sequía" recurrentes, como Australia, América del Sur, África austral y ciertas partes de América del Norte. Estas regiones a menudo se ven afectadas al mismo tiempo que otras, pero sin cubrir la totalidad del globo.
Los períodos de sequía simultánea solo cubrieron entre el 1,8 % y el 6,5 % de las tierras emergidas, una proporción muy inferior a las estimaciones anteriores. Esta investigación, publicada en
Communications Earth & Environment, pone de relieve el papel central de los ciclos oceánicos en esta limitación.
Los cambios de temperatura en la superficie de los océanos, en particular en el Pacífico, juegan un papel mayor en esta limitación. El fenómeno El Niño - Oscilación del Sur, por ejemplo, crea respuestas regionales diferentes. Durante las fases de El Niño, Australia se convierte en un polo central de sequía, mientras que otras zonas experimentan condiciones distintas. En períodos de La Niña, las sequías están más dispersas geográficamente. Estas oscilaciones oceánicas impiden así la emergencia de un episodio único y generalizado.
El impacto en los cultivos es significativo, pero atenuado por esta diversidad climática. En las principales zonas agrícolas, una sequía moderada puede aumentar la probabilidad de malas cosechas en más del 25 %, e incluso superar el 40 % para el maíz y la soja. Sin embargo, como las sequías no ocurren en todas partes al mismo tiempo, los sistemas alimentarios mundiales pueden adaptarse. La pluviometría sigue siendo el factor dominante para la severidad de las sequías, pero la influencia de la temperatura crece en ciertas regiones como Europa y Asia.
Al comprender mejor las interacciones entre los océanos, las precipitaciones y las temperaturas, los responsables de las decisiones pueden apuntar a los polos de sequía y desarrollar estrategias para estabilizar los mercados agrícolas y proteger los suministros alimentarios frente al calentamiento planetario.