El bostezo es un gesto familiar. A menudo aparece cuando estamos cansados o cuando cambiamos de estado de vigilancia, por ejemplo, al momento de dormirse o al despertar. Sin embargo, posee un aspecto único: es contagioso. Ver a alguien bostezar, o incluso leer esta palabra, puede ser suficiente para desencadenar un bostezo en otra persona.
El bostezo corresponde a una inspiración profunda acompañada de una apertura amplia de la boca y un estiramiento de los músculos faciales. Este comportamiento se observa en muchas especies de vertebrados, en particular en mamÃferos y algunas aves. Su función exacta sigue siendo debatida, pero varios mecanismos fisiológicos han sido estudiados experimentalmente.
Entre las hipótesis estudiadas se encuentra la de la regulación térmica del cerebro. Según esta teorÃa, el bostezo favorecerÃa la circulación sanguÃnea y la entrada de aire más fresco en las cavidades nasales, lo que podrÃa contribuir a enfriar ligeramente el cerebro. Varios trabajos experimentales van en este sentido, en particular
según una revisión publicada en Frontiers in Neuroscience sobre la teorÃa termorreguladora del bostezo.
La contagiosidad del bostezo constituye un fenómeno distinto. Experimentos han mostrado que la probabilidad de bostezar aumenta cuando una persona observa a alguien bostezar o mira imágenes que muestran este comportamiento. Estudios de imágenes cerebrales sugieren que este fenómeno implica regiones del cerebro vinculadas a la imitación y al procesamiento social. Un estudio que utilizó resonancia magnética funcional mostró asà la activación de redes cerebrales implicadas en la percepción y la reproducción de acciones observadas
según un estudio de imágenes cerebrales publicado en NeuroImage.
La contagiosidad del bostezo también parece influenciada por las relaciones sociales. Varias investigaciones indican que aparece con más frecuencia entre personas cercanas, como amigos o miembros de una misma familia, que entre desconocidos. Esta observación sugiere un vÃnculo con los mecanismos de sincronización social o de empatÃa.
El fenómeno no es exclusivo de la especie humana. Formas de bostezo contagioso también han sido observadas en varias especies sociales, en particular en chimpancés y algunos otros primates. En estos grupos, la contagiosidad aparece más frecuentemente entre individuos que tienen vÃnculos sociales estrechos, lo que refuerza la idea de que este comportamiento podrÃa jugar un rol en la coordinación social.
Aunque algunos aspectos siguen siendo estudiados, las investigaciones muestran que el bostezo contagioso se basa en mecanismos reales que implican la observación de un comportamiento, el procesamiento de las interacciones sociales y la actividad de redes cerebrales vinculadas a la imitación. Un gesto cotidiano aparentemente banal revela asà procesos del funcionamiento del cerebro y de las interacciones entre individuos.