La Antártida posee una particularidad asombrosa: una anomalía gravitacional, una zona donde la gravedad es más débil que el promedio de nuestro planeta.
No se trata de un agujero en el suelo. La fuerza de gravedad cambia naturalmente en la superficie del globo según la distribución de las masas en profundidad. En esta región, la fuerza gravitacional se reduce de manera ínfima, imperceptible para un humano. Un objeto de 100 kilogramos pesaría solo unos gramos menos aquí, pero esta diferencia revela procesos geológicos mayores.
Mapas que muestran la evolución de las anomalías del geoide terrestre en tres períodos: hace 65 millones de años, hace 40 millones de años y actualmente.
Estos mapas se calculan a partir de una reconstrucción de la estructura del manto terrestre. Un cuarto mapa muestra las anomalías actuales obtenidas con un modelo tomográfico moderno. La estrella amarilla indica la ubicación actual del punto más bajo del geoide terrestre. La estrella magenta marca la zona de depresión máxima del geoide después de corregir el efecto gravitacional de la corteza.
Las comparaciones con las observaciones muestran una fuerte correspondencia, alcanzando hasta un 96% de reducción de la discrepancia en la Antártida.
Para entender esta anomalía, investigadores utilizaron imágenes del manto terrestre obtenidas a partir de ondas sísmicas. Modelando el flujo de las rocas durante millones de años, pudieron reconstituir la evolución de esta depresión gravitacional. Sus simulaciones revelan una persistencia sorprendente. El trabajo, llevado a cabo por la Universidad de Florida, indica que el fenómeno es consistente y duradero, ofreciendo una visión de las dinámicas internas.
Esta anomalía no es, por tanto, un fenómeno pasajero. Existe desde hace aproximadamente 70 millones de años, aunque su intensidad ha evolucionado con el tiempo. Los modelos muestran que los cambios coinciden con eventos geológicos mayores, como la glaciación de la Antártida hace 34 millones de años. Esta sincronización sugiere que los procesos internos podrían influir en las condiciones en superficie, aunque los vínculos directos aún deben confirmarse.
La modificación de la gravedad podría influir en el nivel local del mar. Lo que plantea nuevas preguntas sobre la interacción entre los procesos internos de la Tierra y el clima. Los científicos exploran ahora cómo estos cambios gravitacionales podrían afectar la estabilidad de las capas de hielo, con implicaciones para la comprensión del pasado y el futuro de nuestro planeta.
Por otra parte, estos descubrimientos no solo conciernen a la Tierra. En otros planetas como Marte o Venus, anomalías gravitacionales análogas podrían revelar dinámicas internas de larga duración. La Tierra, con sus datos sísmicos y geológicos, ofrece un caso de estudio para reconstruir la historia evolutiva de los planetas, permitiendo comparaciones en el Sistema Solar.
Los resultados de esta investigación han sido publicados en la revista Scientific Reports. Los próximos pasos incluyen modelizaciones acopladas para probar las hipótesis climáticas, con la esperanza de aclarar más estas interacciones.