La detección de agujeros negros supermasivos orbitando uno alrededor del otro podría pronto pasar del ámbito de la teoría al de la observación, gracias a un fenómeno óptico notable. Normalmente invisibles, estos gigantes cósmicos podrían revelarse a través de sorprendentes destellos luminosos procedentes de estrellas situadas detrás de ellos.
Este mecanismo se basa en la lente gravitacional, un efecto predicho por Einstein en el que la gravedad de un objeto masivo curva el espacio-tiempo y desvía la luz. Este efecto suele usarse para observar galaxias lejanas, pero con un sistema binario, gana en intensidad.
Representación artística de la luz de una estrella (naranja) en segundo plano amplificada por una pareja de agujeros negros supermasivos. Crédito: Max Planck Institute
Para un dúo de agujeros negros, la rotación alrededor de un centro común genera una zona en forma de diamante, llamada curva cáustica, donde el efecto de lente se amplifica. Esta región barre el fondo del espacio, y cuando una estrella se alinea con ella por casualidad, su luz se magnifica de forma breve pero intensa.
Estas alineaciones producen entonces destellos luminosos periódicos, visibles durante varios años, que se ajustan al período orbital de los agujeros negros. Según los científicos, esta firma es única y podría permitir identificar tales duetos, incluso en el corazón de galaxias extremadamente lejanas donde las estrellas individuales siguen siendo demasiado débiles para ser percibidas.
Por otra parte, la órbita de estos agujeros negros no es fija; se reduce progresivamente porque disipan energía en forma de ondas gravitacionales. Esta evolución modifica la curva cáustica, lo que altera la frecuencia e intensidad de los destellos luminosos, codificando así datos sobre la masa de los objetos.
Observatorios de nueva generación, como el Observatorio Vera C. Rubin en Chile y el Telescopio Espacial Nancy Grace Roman cuyo lanzamiento está programado para 2027, poseerán la sensibilidad requerida para captar estos eventos. A más largo plazo, la misión LISA, un detector espacial de ondas gravitacionales, podría colaborar con estos telescopios para realizar los llamados estudios "multimensajero".
Este enfoque abre la posibilidad de observar sistemas binarios mucho antes de su fusión final, combinando las señales luminosas y gravitacionales. Los trabajos que condujeron a este avance se detallan en la revista Physical Review Letters.