Las mujeres son más propensas a sufrir dolores crónicos persistentes que los hombres. Esta divergencia ha llevado a los científicos a examinar sus fundamentos biológicos, más allá de las meras percepciones.
Un estudio publicado en Science Immunology, realizado por especialistas de la Universidad Estatal de Míchigan, aporta elementos de respuesta para explicar esta divergencia. Este trabajo demuestra la implicación de células inmunitarias específicas, los monocitos, en la disminución natural de la sensación dolorosa.
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Estas células producen una molécula denominada IL-10, que funciona como una señal calmante para las neuronas del dolor. El equipo observó una producción más elevada de esta molécula en los sujetos masculinos, un efecto correlacionado con niveles más altos de hormonas sexuales como la testosterona.
Para confirmar estos hallazgos, se llevaron a cabo varios experimentos en modelos animales. Los científicos emplearon técnicas para analizar las células y constataron que la actividad de los monocitos disminuye cuando las hormonas masculinas están bloqueadas.
El trabajo también se centró en datos humanos, en colaboración con investigadores de la Universidad de Carolina del Norte. Estos revelaron una tendencia comparable, con una recuperación más rápida del dolor en los hombres, asociada a una mayor actividad de los monocitos productores de IL-10.
Esta investigación demuestra así que la desaparición del dolor no es un proceso pasivo. Está activamente dirigida por el sistema inmunitario, con distinciones notables entre sexos.
Estas imágenes microscópicas lado a lado muestran niveles más bajos de subunidades del receptor de IL-10, en amarillo, en las células de la piel femenina (izquierda) en comparación con las células masculinas (derecha). Crédito: laboratorio Laumet
Estos descubrimientos podrían, a la larga, abrir el camino a tratamientos no opioides. Dirigiéndose a los mecanismos de producción de IL-10, sería concebible ayudar al organismo a controlar mejor el dolor crónico, ofreciendo así nuevas opciones para mejorar el día a día de los pacientes.
La influencia de las hormonas sexuales en la inmunidad
Las hormonas sexuales, como la testosterona y los estrógenos, juegan un papel clave en la modulación del sistema inmunitario. Actúan sobre diversos tipos de células, influyendo en su desarrollo y función.
Por ejemplo, la testosterona tiende a promover la producción de moléculas antiinflamatorias por parte de los monocitos. Por el contrario, los estrógenos pueden en algunos casos favorecer respuestas inmunitarias más activas o proinflamatorias.
Estas distinciones hormonales explican por qué hombres y mujeres presentan perfiles inmunitarios distintos. Tienen implicaciones directas en la manera en que cada sexo gestiona afecciones como el dolor crónico. La integración de estos factores en la investigación médica permite contemplar tratamientos más personalizados.