¿Por qué es tan arduo mantener la concentración ante las notificaciones incesantes del teléfono? Trabajos recientes sugieren que esta dificultad podría provenir de un mecanismo cerebral fundamental, profundamente arraigado en nuestro funcionamiento.
Un estudio realizado en la Universidad de Rochester demuestra que nuestra atención no permanece estable. Oscila según un ciclo muy rápido, alternando entre fases de focalización y momentos en los que es más fácilmente atraída hacia elementos externos. Estos ciclos ocurren aproximadamente entre siete y diez veces cada segundo, lo que representa varios centenares de miles de ocurrencias al día.
Imagen de ilustración Unsplash
Para examinar este fenómeno, los científicos registraron la actividad cerebral de voluntarios mediante un electroencefalograma. Los participantes debían fijar un cuadrado gris en el centro de una pantalla ignorando puntos de colores que aparecían en los laterales. Los datos, depurados de movimientos oculares, revelaron patrones repetitivos en la actividad del cerebro.
Estos patrones rítmicos permitían predecir los instantes en que la atención se volvía más frágil frente a las distracciones. Durante las fases en las que el rendimiento para detectar el objetivo central disminuía, los participantes se mostraban más vulnerables a los elementos perturbadores. Este mecanismo habría constituido una ventaja para nuestros ancestros, permitiéndoles vigilar el entorno mientras realizaban una tarea.
Hoy en día, este mismo ritmo cerebral puede transformarse en una desventaja. En un entorno saturado de pantallas y alertas visuales, estas breves ventanas donde la atención es menos estable nos vuelven más sensibles a las interrupciones. El investigador principal del estudio publicado en PLOS Biology precisa así que lo que favorecía la supervivencia en el pasado puede hoy obstaculizar nuestra productividad.
Estos descubrimientos podrían permitir comprender ciertos trastornos como el TDAH. Aunque el estudio no se centró en esta condición, abre una vía de investigación. Es posible que en estos trastornos, la alternancia entre estados de concentración y vigilancia sea menos frecuente, lo que afectaría la flexibilidad cognitiva.
A más largo plazo, la comprensión de estos ciclos podría conducir a métodos que ayuden a modular la atención. Identificando los momentos en que el cerebro es más permeable a las distracciones, sería posible crear herramientas para mejorar la concentración cuando se necesite.