Un estudio reciente indica que los comportamientos agresivos cotidianos y la violencia que conduce a la muerte habrÃan evolucionado de manera independiente en los primates, incluidos los humanos.
El examen de estos datos muestra una disociación clara. Las especies que presentan manifestaciones agresivas de baja intensidad no son necesariamente aquellas donde los actos violentos mortales son más probables. Esta observación es importante, porque contradice la hipótesis de una escalada lineal desde las disputas hasta las consecuencias fatales.
Los resultados, publicados en Evolution Letters, orientan por lo tanto la reflexión hacia un origen más especializado de la violencia extrema. Por otra parte, el infanticidio o el asesinato de rivales adultos responderÃan a marcos particulares, diferentes de aquellos que rigen los conflictos habituales por el acceso a la comida o a una pareja.
El equipo de investigación, dirigido por Bonaventura Majolo, insiste en la necesidad de abordar estas cuestiones con mayor finura. Para los cientÃficos, es inexacto clasificar las especies según una propensión general a la agresión, una noción que enmascara una realidad más diversificada de la evolución conductual.
Este descubrimiento invita asà a considerar que los orÃgenes profundos de nuestros comportamientos violentos podrÃan estar menos directamente ligados a nuestras disputas cotidianas de lo que algunas teorÃas sugerÃan.