El desarrollo del lenguaje en los niños autistas está lejos de ser uniforme: algunos progresan sin dificultad notable, mientras que otros presentan retrasos marcados o prácticamente no hablan. Para comprender mejor lo que sucede en su cerebro desde una edad temprana, cientÃficos de la Universidad de Ginebra (UNIGE) analizaron la actividad cerebral de niños autistas y de niños con desarrollo tÃpico de entre 18 meses y 6 años.
Sus resultados, publicados en la revista
Translational Psychiatry, muestran que la actividad de ciertas ondas cerebrales evoluciona de manera diferente según las capacidades lingüÃsticas de los niños. Esta diferencia podrÃa constituir un marcador inicial de las trayectorias del lenguaje y permitir una intervención temprana.
El autismo afecta aproximadamente a 1 de cada 36 niños y las dificultades del lenguaje se encuentran entre sus manifestaciones más heterogéneas. "Comprender qué diferencia la actividad cerebral de un niño autista que probablemente desarrolle un lenguaje fluido de la de un niño que seguirá siendo poco verbal es una cuestión fundamental tanto para la investigación como para los psiquiatras que siguen a estos niños y sus familias", explica Marie Schaer, profesora del Departamento de PsiquiatrÃa de la Facultad de Medicina de la UNIGE e investigadora principal de este trabajo.
Diferencias en las ondas gamma
Para comprender cómo se produce la adquisición del lenguaje, los cientÃficos siguieron a 122 participantes de entre 18 meses y 6 años de la cohorte ginebrina de niños autistas — única por la riqueza y precisión de sus datos clÃnicos — y a 66 niños con desarrollo tÃpico. Mediante electroencefalogramas — una técnica no invasiva especialmente adecuada para niños muy pequeños — los cientÃficos midieron la actividad oscilatoria del cerebro en cinco bandas de frecuencia. Durante el registro, los niños veÃan un dibujo animado de su elección para hacer la experiencia más cómoda.
Los niños con las mayores dificultades del lenguaje mostraban los niveles gamma más altos y más persistentes.
"En comparación con los niños con desarrollo tÃpico, los niños autistas presentaban una actividad cerebral aumentada en las frecuencias bajas, las ondas delta y theta, y en las frecuencias altas, las ondas beta y gamma", detalla Kenza Latrèche, primera autora del estudio y doctoranda en el Departamento de PsiquiatrÃa de la Facultad de Medicina de la UNIGE.
"Pero es la banda gamma, implicada en el procesamiento de la información y del lenguaje, la que revela las diferencias más significativas: los niños con las mayores dificultades del lenguaje mostraban los niveles gamma más altos y más persistentes a lo largo del desarrollo".
Las primeras frases, una etapa clave
Un momento esencial del desarrollo del lenguaje es la aparición, generalmente hacia los 18 meses, de las primeras combinaciones de palabras, como "abre puerta". La actividad gamma aumenta progresivamente antes de esta etapa hasta alcanzar un pico alrededor de la aparición de las primeras frases, y luego disminuye.
"Este fenómeno de disminución de la excitación cerebral sugiere que la adquisición de la capacidad de combinar palabras refleja una etapa importante del desarrollo cerebral, después de la cual el procesamiento de la información se vuelve más eficiente y requiere menos recursos", indica Marie Schaer. "Pero en los niños con las mayores dificultades del lenguaje, la actividad gamma se mantenÃa elevada a lo largo del desarrollo, sin que observáramos ese punto de inflexión".
Estos resultados sugieren que el cerebro pone en marcha mecanismos dinámicos para apoyar la emergencia del lenguaje en los niños autistas pequeños, con mayor o menor éxito según los casos. Comprender mejor estas trayectorias cerebrales podrÃa permitir identificar más temprano las necesidades especÃficas de los niños y ofrecer terapias personalizadas a una edad en la que serán más efectivas.
Este trabajo innovador surge de colaboraciones multidisciplinarias: la cohorte de niños autistas está conformada por los equipos del Centro Synapsy de investigación en neurociencias psiquiátricas para la salud mental, mientras que los análisis sobre el desarrollo del lenguaje se beneficiaron de la experiencia del Polo de investigación nacional Evolving Language, especialmente gracias a una colaboración con Valentina Borghesani, profesora de la Facultad de PsicologÃa y Ciencias de la Educación de la UNIGE.