Estos fragmentos se asemejan a la malaquita, una materia prima utilizada en la producción de cobre. Según Carlos Tornero, profesor del Instituto Catalán de PaleoecologÃa Humana y Evolución Social, el uso repetido del lugar y la densidad de los restos indican ocupaciones de corta a media duración, pero renovadas constantemente durante largos periodos. Los análisis de radiocarbono muestran que los hogares de la segunda capa datan de hace unos 3 000 años, mientras que los de la tercera se remontan a 5 500-4 000 años.
Los colgantes, especialmente el de diente de oso, son raros. Carlos Tornero explica que proceden de entornos prehistóricos, probablemente del segundo milenio antes de nuestra era. El colgante de concha tiene paralelos en otros sitios de Cataluña, lo que sugiere tradiciones compartidas o vÃnculos entre comunidades. El colgante de diente de oso, mucho menos común, podrÃa tener un significado simbólico relacionado con el entorno local.
Aunque la cueva 338 no fue una ocupación permanente, las visitas repetidas dan testimonio de su importancia a largo plazo. Los arqueólogos esperan que futuras excavaciones revelen más sobre el uso de la cavidad y el origen del mineral verde. La identificación de la malaquita sigue siendo preliminar, y se están realizando análisis en la Universidad de Granada y en la Universidad Autónoma de Barcelona. Las excavaciones aún no han alcanzado la profundidad total del sitio, y los trabajos continuarán este verano.