Desde hace años, los cientÃficos se interesan por los lantánidos, estas "tierras raras" capaces de emitir una luz intensa y caracterÃstica en el dominio del infrarrojo cercano. Insertados en complejos supramoleculares llamados metalocoronas, parecÃan perfectos para la imagen biológica óptica no invasiva, incluyendo tejidos profundos y no solo superficiales. Su problema principal: habÃa que excitarlos mediante rayos ultravioleta, una luz agresiva para los tejidos, que limita fuertemente su uso en biologÃa y medicina.
El equipo de cientÃficos del Centro de biofÃsica molecular (CNRS) ha logrado ahora superar este obstáculo. Han diseñado una nueva familia de metalocoronas cuya estructura innovadora integra, en su periferia, pequeños sensibilizadores orgánicos biocompatibles llamados "cumarinas". Estas "antenas" captan la luz visible, inofensiva para los sistemas biológicos, y la transmiten eficazmente al lantánido, que luego reemite en la segunda ventana del infrarrojo cercano (NIR-II). Este dominio espectral es ideal para la imagen, porque este tipo de luz atraviesa los tejidos en profundidad con muy poca dispersión.
Estos resultados marcan una etapa clave: transforman una herramienta largamente prometedora, pero limitada por la excitación UV, en una tecnologÃa ahora compatible con la imagen biológica real. A largo plazo, estas coronas luminosas podrÃan convertirse en aliadas valiosas para observar en profundidad los tejidos vivos, mejorar el diagnóstico precoz o seguir la evolución de enfermedades. Un avance publicada en Chemical Science que abre el camino a un campo inmenso para la imagen no invasiva in vitro e in vivo.