Miles de ballenas frecuentan ahora cada verano una costa de Groenlandia donde todavía eran muy raras hace algunas décadas.
El cambio afecta al este de Groenlandia, entre los 60° y 70° de latitud norte. Unos censos aéreos realizados en 2015 y posteriormente en 2024 encontraron allí rorcuales comunes, ballenas jorobadas y rorcuales aliblancos. Las estimaciones recientes alcanzan varios miles de animales para cada una de estas tres especies.

La cola de una ballena jorobada desapareciendo bajo la superficie del océano.
Imagen ilustrativa de Pexels
Esta presencia no es una simple fluctuación anual. Los antiguos censos realizados desde barcos no habían observado ninguna ballena jorobada en esta zona antes de 2007. Durante las observaciones de 2024 se contabilizaron más de 150 ejemplares. En 2025, incluso se vieron grupos de hasta 50 ballenas jorobadas cerca de la costa de Blosseville.
Para comprender este desplazamiento, primero hay que observar el hielo. Durante siglos, el hielo marino costero estival limitó el acceso de estas grandes ballenas procedentes de regiones más templadas. Su marcado retroceso desde comienzos de la década de 2000 abrió zonas de alimentación a las que antes era difícil llegar.
Pero disponer de un paso no basta: también hay que encontrar alimento. Un pequeño pez llamado capelán también se desplazó. Después de 2003, sus zonas de alimentación otoñales se extendieron más desde el norte de Islandia hacia la plataforma continental de Groenlandia. El calentamiento de las aguas alrededor de Islandia podría haber contribuido a este movimiento.

Distribución de las observaciones de rorcuales comunes, rorcuales aliblancos y ballenas jorobadas durante las campañas realizadas en el este de Groenlandia.
Fuente: Fronteras en Ciencias Marinas.
Ambos cambios confluyen, por tanto, en el mismo lugar. Las ballenas acceden más fácilmente a las aguas costeras y encuentran allí grandes cantidades de presas. Las observaciones y el contenido estomacal de los rorcuales aliblancos indican que el capelán ocupa un lugar importante en su alimentación local.
Los investigadores estiman unas 4 000 ballenas jorobadas y varios miles de rorcuales comunes en la zona estudiada durante el verano. En el caso de los rorcuales aliblancos, la estimación pasó de unos 3 000 ejemplares en 2015 a más de 6 000 en 2024. Estos valores siguen siendo inciertos y algunos ejemplares no identificados no se incluyen en los recuentos por especie.
Esta nueva concentración de depredadores puede modificar el funcionamiento del ecosistema. El capelán también alimenta a otros animales y participa en varias cadenas alimentarias. Los autores estiman que las tres especies de ballenas podrían consumir juntas cientos de miles de toneladas de presas durante su estancia estacional.
Queda por medir con mayor precisión qué comen estas ballenas y cuánto tiempo permanecen en la región. Estos datos permitirán evaluar su presión real sobre el capelán. También ayudarán a comprender cómo interactúa esta nueva afluencia de grandes depredadores con los peces explotados por las pesquerías.