El calentamiento no empuja a todos los árboles de montaña en la misma dirección. Algunas especies ganan altitud rápidamente, pero otras parecen, por el contrario, avanzar hacia zonas más bajas. Un estudio mundial relaciona esta diferencia con la manera en que cada especie transporta el agua y resiste la falta de humedad.
Para comprender este movimiento, los autores reunieron varios conjuntos de datos. Analizaron series de anillos de crecimiento correspondientes a 121 743 árboles de 45 especies. También utilizaron observaciones de desplazamiento en altitud de 102 especies y compararon esta información con 11 propiedades relacionadas con el funcionamiento hidráulico de los árboles.

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Estas propiedades hidráulicas describen, en particular, la forma en que el agua circula por las hojas y los tallos. También ofrecen indicaciones sobre la resistencia de una planta a la sequía. Dos especies que viven en la misma montaña pueden, por tanto, reaccionar de manera diferente a un aumento comparable de las temperaturas.
El resultado muestra un contraste neto. Las especies cuyo crecimiento reacciona fuertemente al calor o a la falta de agua tienden a seguir el calentamiento hacia altitudes superiores. Por el contrario, las especies más resistentes a estas limitaciones presentan más características asociadas a una expansión hacia la parte baja de las laderas.
La temperatura por sí sola no basta, por tanto, para prever la dirección que toma un bosque.
El análisis de los anillos de crecimiento aporta otra información. Para cerca de un tercio de las especies estudiadas, la relación entre altitud, sequía y crecimiento ha cambiado con el tiempo. Una población situada más arriba o más abajo en una ladera no responde, por tanto, necesariamente al clima de la misma manera varias décadas después.
Los autores también comprobaron si las diferencias de calentamiento entre regiones explicaban por sí solas los movimientos observados. Para las 45 especies con los datos correspondientes, esta relación no era estadísticamente significativa. Las características propias de los árboles aportan, por tanto, una información adicional para entender por qué sus áreas de distribución evolucionan de manera diferente.
Este punto importa para anticipar el futuro de los bosques de montaña. Subir no ofrece una reserva ilimitada de espacio, porque la superficie disponible generalmente disminuye a medida que aumenta la altitud. Los investigadores proponen ahora integrar las propiedades hidráulicas de las especies en los modelos destinados a prever la reorganización de los bosques en un clima que continúa calentándose.