Incluso un gesto sencillo con ambos brazos puede cambiar cuando la gravedad disminuye o incluso desaparece. Durante vuelos que reproducían brevemente la ingravidez, los voluntarios tuvieron más dificultades para mantener ciertos movimientos coordinados.
Un astronauta suele tener que utilizar ambas manos al mismo tiempo para manipular controles, herramientas o equipos. Sin embargo, en la Luna o Marte, su cuerpo solo estará sometido a una fracción de la gravedad terrestre.

Astronauta de la ESA en la ISS, Paolo Nespoli
Ilustración ESA
Para medir este efecto, el equipo utilizó vuelos parabólicos. El avión sigue una trayectoria que permite crear durante unas decenas de segundos distintos niveles de gravedad. Así, los participantes realizaron los mismos ejercicios bajo la gravedad terrestre, en ingravidez y con varios niveles intermedios.
La prueba consistía en producir movimientos rítmicos con ambos brazos según distintas relaciones. Otros ejercicios imponían un desfase entre los movimientos, lo que requería un mayor control para conservar el ritmo solicitado.
Fue en estos movimientos menos naturales donde la ausencia de gravedad tuvo el efecto más evidente. En ingravidez, los gestos se volvían más caóticos y derivaban progresivamente hacia el movimiento en el que ambos brazos actúan juntos. En otras palabras, cuando desaparecían las referencias habituales, el sistema motor regresaba más fácilmente a una organización sencilla.
Sin embargo, la gravedad reducida no producía el mismo resultado que su ausencia completa. Los experimentos también reprodujeron el 25 %, el 50 % y el 75 % de la gravedad terrestre. A medida que aumentaba la gravedad, los participantes recuperaban generalmente una mayor precisión y movimientos menos variables en los ejercicios más difíciles.
Este resultado muestra que la gravedad no solo sirve para mantener el cuerpo en el suelo. El cerebro y los músculos utilizan permanentemente la gravedad, su entorno natural, para organizar los movimientos. Modificar este entorno puede, por tanto, cambiar la forma en que se coordinan varios gestos, incluso cuando la persona sabe perfectamente lo que debe hacer.
Los investigadores también publicaron un estudio complementario sobre la fuerza producida simultáneamente por ambos brazos. El estudio indica que la ingravidez reducía especialmente la regularidad de esta fuerza. Una vez más, los niveles de gravedad intermedios ofrecían un rendimiento generalmente más cercano al observado en la Tierra.
Estos experimentos siguen siendo muy breves en comparación con una estancia espacial. Por tanto, no permiten saber cómo se adaptaría el cerebro después de varios días o meses. Los autores quieren estudiar especialmente exposiciones más prolongadas y distintos niveles de gravedad parcial, con el fin de preparar mejor las tareas que se realizarán en la Luna o Marte.