Un implante cerebral asociado a estimulaciones eléctricas ha permitido a un hombre paralizado recuperar parte de sus movimientos y la sensación del tacto. El dispositivo sortea la lesión de la médula espinal conectando directamente el cerebro, los músculos y las zonas sensoriales.
Keith Thomas perdió el uso de sus miembros tras un accidente de buceo ocurrido en 2020. Ya no podía levantar los brazos hasta su rostro ni sentía los contactos en sus manos y muñecas. En 2023, se integró en un ensayo clínico dirigido por los Feinstein Institutes.

Chad Bouton ayuda a Keith Thomas a colocarse un parche de estimulación no invasivo para llevar sobre la piel, como parte del ensayo clínico de «doble puente neuronal».
Crédito de la foto: Northwell Health
Los investigadores implantaron cinco redes de microelectrodos en su cerebro. Algunos registran las señales producidas cuando imagina un movimiento. Otros estimulan las regiones cerebrales que normalmente procesan la información proveniente de la mano.
El sistema forma un «doble puente neuronal». Un primer enlace decodifica la intención de movimiento y ordena a estimuladores colocados sobre los músculos del brazo. Un segundo transmite al cerebro información proveniente de sensores instalados en la mano y los dedos.
Cuando Thomas agarra un objeto, los sensores detectan la presión y el contacto. El sistema convierte luego esta información en estimulaciones eléctricas adaptadas. El cerebro recibe así una señal artificial que puede ser interpretada como una sensación proveniente de la mano.
Los investigadores también desarrollaron un método llamado «espejo cortical». Registran la actividad cerebral asociada a la impresión de ser tocado, luego reproducen algunas de esas señales mediante estimulación. Este enfoque busca reactivar progresivamente circuitos que permanecieron silenciosos tras la lesión.
Después de varias semanas de entrenamiento, el participante pudo realizar gestos precisos, como agarrar una cáscara de huevo vacía sin romperla. También recuperó sensaciones a nivel de la muñeca derecha, en una zona que era insensible desde el accidente.
Los resultados observados en una sola persona no permiten aún concluir que sea una solución generalizable. La implantación sigue siendo invasiva y el sistema aún requiere un equipo externo. Nuevos ensayos deberán precisar su seguridad, estabilidad y eficacia según las diferentes lesiones de la médula espinal.