Los resultados obtenidos son llamativos. En las personas que duermen menos de ocho horas por noche, unas horas de acostarse muy irregulares duplican la probabilidad de sufrir un evento cardiovascular mayor, como un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular. Por el contrario, un horario de despertar irregular no presentarÃa la misma influencia sobre la salud cardÃaca.
Imagen ilustrativa Unsplash
Esta investigación se distingue de trabajos anteriores al aislar el impacto de tres momentos clave: el acostarse, el levantarse y el punto medio del perÃodo de sueño. La investigadora postdoctoral Laura Nauha indica que es la primera vez que estos tres aspectos se examinan de manera independiente y se relacionan con problemas cardÃacos graves. Según ella, las observaciones indican que la regularidad de la hora de acostarse, en particular, tiene un impacto significativo sobre el corazón.
Más allá de las cifras, este estudio recuerda que nuestro organismo aprecia la regularidad. Nuestros ritmos internos, ajustados a la alternancia dÃa-noche, funcionan de manera óptima cuando siguen un horario coherente. Alterar este ritmo con horas de acostarse aleatorias podrÃa, a la larga, desregular algunos procesos biológicos y aumentar la presión sobre el sistema cardiovascular.
Trabajos sobre el trabajo nocturno ya han demostrado que el desfase de los horarios de sueño aumenta los riesgos de ciertos problemas de salud. La investigación finlandesa extiende esta observación a la vida diaria, incluso sin trabajo por turnos. Indica que la simple irregularidad de la hora de acostarse entre semana o el fin de semana puede ser suficiente para crear un desequilibrio.
Comprender este vÃnculo abre el camino a soluciones simples. Acostarse más o menos a la misma hora cada noche, incluidos los fines de semana, ayuda a mantener el reloj interno bien ajustado. Esto puede contribuir a una mejor regulación de la tensión arterial y del metabolismo, dos elementos importantes para la salud cardÃaca.