Un estudio realizado por la Universidad de Adelaida siguió a más de 200 adultos obesos durante 18 meses. Los participantes se dividieron en tres grupos: ayuno intermitente, restricción calórica continua y estándar sin dieta particular. El objetivo era comparar los efectos psicológicos y conductuales de estos enfoques.
En el grupo de ayuno intermitente, los voluntarios consumían el 30% de sus necesidades energéticas entre las 8 a.m. y el mediodía, tres días no consecutivos por semana, seguidos de un ayuno de 20 horas. Los demás días, podían alimentarse sin restricciones. El grupo con restricción calórica seguía una dieta clásica al 70% de su ingesta habitual.
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Después de seis meses, estos dos grupos habían perdido aproximadamente 7 kilos, frente a 2 kilos para el grupo estándar. También se observaron mejoras en el estado de ánimo y el bienestar.
La diferencia notable residía en la percepción del esfuerzo. Los adeptos del ayuno intermitente no sentían la necesidad de controlar constantemente sus ingestas alimentarias. Por el contrario, los participantes en restricción calórica debían hacer un esfuerzo consciente para evitar comer en exceso.
La profesora Leonie Heilbronn, autora principal, explica que el ayuno intermitente podría actuar a través de vías menos dependientes de la restricción consciente. Este enfoque podría ser más fácil de mantener para las personas que luchan con las dietas tradicionales.
El metabolismo durante el ayuno
Durante un ayuno intermitente, el cuerpo agota primero sus reservas de glucógeno, luego comienza a quemar grasas para producir energía. Este proceso, llamado cetosis, puede provocar una pérdida de peso sin necesariamente reducir la ingesta calórica total durante la semana. Los niveles de insulina disminuyen, lo que mejora la sensibilidad a esta hormona y facilita la gestión de la glucosa en sangre. Además, la leptina, hormona de la saciedad, puede verse influenciada, modificando la sensación de hambre.
Los períodos de ayuno también modifican los niveles de otras hormonas como la adiponectina, que juega un papel en la regulación del metabolismo de las grasas. Un aumento de esta hormona se asocia con una mejor salud metabólica. Además, el ayuno puede inducir la autofagia, un proceso de limpieza celular que elimina los componentes dañados.
Este mecanismo se estudia por sus potenciales efectos antienvejecimiento y protectores. Sin embargo, la mayoría de los datos provienen de estudios animales, y los efectos en humanos aún deben confirmarse.