Los investigadores acaban de revelar que una proteína llamada MCL1, ya conocida por ayudar a las células cancerosas a evitar la muerte, también orquesta la gestión de su energía. Este doble papel abre nuevas perspectivas para comprender cómo se desarrollan los tumores y resisten a las terapias.
Hasta ahora, la proteína MCL1 se estudiaba principalmente por su capacidad para proteger a las células tumorales de la apoptosis, un mecanismo natural de autodestrucción. Presente en gran cantidad en muchos cánceres, formaba parte de la familia de proteínas Bcl-2. Su función parecía limitada a este único aspecto de la supervivencia celular, lo que la convertía en un objetivo interesante para las terapias que buscan eliminar las células enfermas de manera más eficaz.
Imagen de ilustración Unsplash
Sin embargo, el equipo de Dresde ha revelado un aspecto inédito de MCL1. En realidad, esta proteína interactúa directamente con mTOR, un regulador esencial del metabolismo celular. Al influir en mTOR, MCL1 ayuda a las células cancerosas a adaptar su producción y consumo de energía según sus necesidades. Esta doble función convierte a MCL1 en un actor principal en dos procesos fundamentales del cáncer, vinculando así mecanismos que hasta ahora se consideraban separados.
Este descubrimiento tiene implicaciones prácticas inmediatas. Los inhibidores de MCL1, actualmente en pruebas clínicas, han demostrado ser capaces de bloquear también la señalización de mTOR. En consecuencia, un solo tratamiento podría dirigirse tanto a la supervivencia como al metabolismo de los tumores. Además, este enfoque podría mejorar la eficacia de las terapias existentes, ya que los inhibidores de mTOR ya se utilizan contra algunos cánceres.
Sin embargo, un obstáculo importante había frenado el desarrollo de los inhibidores de MCL1: su toxicidad cardíaca. Varios ensayos clínicos tuvieron que suspenderse debido a graves efectos secundarios en el corazón. El equipo de investigación identificó por primera vez el mecanismo molecular responsable de este problema. Sobre esta base, desarrollaron un enfoque alimentario simple que permite reducir significativamente la cardiotoxicidad, como confirmaron las pruebas en un modelo murino humanizado.
Estos avances son el resultado de una colaboración internacional que involucra a institutos de la República Checa, Austria e Italia. El Dr. Mohamed Elgendy, responsable del estudio, indica que MCL1 es mucho más que un simple factor de supervivencia; participa activamente en las vías de señalización relacionadas con el crecimiento y el metabolismo. Este trabajo demuestra la utilidad de las investigaciones fundamentales para diseñar tratamientos más seguros y eficaces.
Las perspectivas clínicas parecen así alentadoras. Al resolver el problema de la toxicidad cardíaca, este estudio podría permitir reactivar el desarrollo de los inhibidores de MCL1. Esto abriría el camino a nuevas combinaciones terapéuticas que atacan simultáneamente varias debilidades de las células cancerosas, lo que representa una vía interesante para los pacientes con cánceres resistentes.