🌍 Descubrimiento: La Tierra esconde una simetría perfecta entre dos hemisferios Este y Oeste

Publicado por Cédric,
Autor del artículo: Cédric DEPOND
Fuente: Nature
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Los satélites miden desde hace 25 años la cantidad de luz que la Tierra devuelve al espacio. Al dividir el planeta según diferentes longitudes, investigadores estadounidenses han descubierto que existe un meridiano preciso, el 27° Este, que separa el globo en dos mitades perfectamente iguales desde el punto de vista de esta reflexión. Sin embargo, los paisajes nubosos del Este y del Oeste no tienen nada que ver.

Esta simetría inesperada, publicada en la revista Nature, obliga ahora a los climatólogos a revisar sus modelos. El equipo dirigido por Jianhao Zhang, de la Universidad de Colorado en Boulder, analizó los datos del programa CERES de la NASA, que mide la radiación solar reflejada – lo que los físicos llaman albedo.


Créditos: NASA


Una triple simetría


Lo que hace que este descubrimiento sea particularmente extraño es que se basa en tres parámetros que se alinean exactamente en el mismo lugar. En primer lugar, los dos hemisferios así definidos contienen proporciones casi idénticas de océano sin hielo. En segundo lugar, cuando el cielo está despejado, devuelven la misma cantidad de luz al espacio. Por último, y esto es lo más sorprendente, a pesar de tipos de nubes muy diferentes, su efecto reflectante global es igual.

Los investigadores hablan de una "triple simetría" distinta de la ya conocida entre el Norte y el Sur.

El hemisferio Oeste alberga vastas capas de estratocúmulos bajos y brillantes sobre los océanos cercanos a California, Chile y Namibia. El hemisferio Este, por su parte, está dominado por nubes altas y extensas que se forman sobre el sudeste asiático y el océano Índico. Estas dos familias de nubes, de altitudes y estructuras opuestas, reflejan sin embargo una energía equivalente. La circulación atmosférica de Walker, que conecta estas regiones tropicales, parece actuar como un regulador planetario. Los investigadores han demostrado que esta simetría no es fija: oscila muy ligeramente de un año a otro.

También midieron un sólido vínculo estadístico con el fenómeno de El Niño. Durante los años de La Niña, el hemisferio Este refleja un poco más; durante El Niño, es el Oeste el que toma la delantera. Este vaivén, impulsado por la circulación de Walker, ancla la simetría en la duración. Se trata, por tanto, de un equilibrio dinámico, mantenido por los sobresaltos naturales del clima. Los autores escriben que "todavía no pueden excluir la hipótesis de una simple coincidencia", pero se inclinan más por un mecanismo físico aún mal identificado.

Por qué esta simetría trastoca la modelización climática


Ninguno de los ocho modelos climáticos más avanzados examinados por el equipo reproduce esta triple simetría. Todos se equivocan en uno de los tres parámetros, en particular en el papel de las nubes o la reflexión en cielo despejado. Esta carencia colectiva indica una debilidad en la forma en que estos programas informáticos tratan las interacciones entre océano y atmósfera. Ahora bien, un modelo que no supere esta prueba corre el riesgo de producir proyecciones erróneas sobre el calentamiento futuro. El descubrimiento ofrece, por tanto, una herramienta de control inesperada: un modelo digno de confianza debe ahora superar esta verificación.

Los investigadores insisten en la importancia de seguir midiendo el balance radiativo terrestre sin interrupción. Sin los 25 años de datos del programa CERES, esta simetría nunca se habría detectado. El calentamiento climático podría modificar este equilibrio: los primeros signos muestran que la simetría norte-sur ya se está debilitando, oscureciéndose los dos hemisferios a ritmos diferentes. Por ahora, la simetría este-oeste permanece estable, pero las fuerzas que actúan sobre ella son muy reales. El principal motor sigue siendo la evolución de las nubes.

Este descubrimiento constituye también una advertencia contra los proyectos de geoingeniería solar. Algunas propuestas pretenden aumentar artificialmente el albedo para enfriar el planeta, por ejemplo aclarando las nubes marinas. Sin embargo, una intervención localizada podría desencadenar ajustes en el otro extremo del globo, anulando el efecto deseado o amplificándolo peligrosamente. El artículo subraya que "la importancia del descubrimiento va más allá de la identificación de una mera peculiaridad del sistema Tierra". Ofrece una restricción poderosa para afinar nuestra comprensión fundamental del clima.
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