🎗️ El deporte puede ayudar a combatir el cáncer, desde la primera sesión

Publicado por Cédric,
Autor del artículo: Cédric DEPOND
Fuente: Breast Cancer Research and Treatment
Otros Idiomas: FR, EN, DE, PT
Una simple sesión de actividad física podría modificar favorablemente el entorno interno del organismo frente a las células cancerosas. Este descubrimiento abre perspectivas prometedoras para complementar los tratamientos convencionales.

La investigación en oncología explora cada vez más el potencial terapéutico del ejercicio. Trabajos recientes realizados en la Edith Cowan University se interesan por los efectos biológicos inmediatos de un esfuerzo, observados en pacientes que han vencido un cáncer de mama. Estos efectos podrían crear un terreno menos propicio para el desarrollo tumoral.



El impacto inmediato de una sesión de ejercicio


Un estudio publicado en Breast Cancer Research and Treatment analizó la respuesta sanguínea de supervivientes de cáncer de mama. Las participantes realizaron una sesión de musculación o una sesión de entrenamiento interválico de alta intensidad. Se realizaron muestreos antes, justo después y treinta minutos después del esfuerzo.

Los investigadores midieron un aumento significativo de las miocinas tras la actividad física. Estas proteínas, secretadas por los músculos en contracción, poseen propiedades inhibitorias sobre la proliferación celular cancerosa. Esta producción muscular constituye una respuesta biológica directa al esfuerzo realizado.

La elevación de estas miocinas se observó incluso después de un solo episodio de ejercicio. Esta reacción rápida sugiere un mecanismo de defensa activable a corto plazo. El organismo parece así capaz de generar una respuesta protectora casi inmediata gracias al movimiento.

Los beneficios a largo plazo de la práctica regular


La práctica deportiva regular induce también una transformación profunda de la composición corporal. Aumenta la masa muscular mientras reduce la masa grasa. Esta modificación permite combatir la inflamación crónica.

El tejido adiposo, particularmente en exceso, libera moléculas que favorecen un estado inflamatorio persistente. Este entorno proinflamatorio es reconocido como un factor de riesgo para la progresión tumoral y las recidivas. El ejercicio actúa por tanto sobre uno de los mecanismos fundamentales de la enfermedad.

Una pérdida de peso obtenida únicamente mediante una dieta estricta no proporcionaría los mismos beneficios. La preservación, e incluso el aumento, de la masa muscular es indispensable. Es ella la que produce las miocinas beneficiosas y mejora el metabolismo global.

Para ir más allá: ¿Qué es una miocina?


Las miocinas son proteínas de señalización liberadas por las fibras musculares durante su contracción. Actúan como mensajeros químicos, viajando por el organismo a través de la circulación sanguínea. Su descubrimiento permitió comprender que un músculo es un órgano endocrino, que secreta hormonas directamente en la circulación sanguínea.

Su función principal es la comunicación entre los músculos y otros órganos, como el hígado, el cerebro o el tejido adiposo. Regulan numerosos procesos metabólicos e inflamatorios. Su producción es directamente estimulada por la actividad física, cualquiera que sea su intensidad.

Entre las miocinas más estudiadas figura la interleucina-6 (IL-6), que juega un papel en la inmunidad y el metabolismo. Al contrario que la IL-6 producida durante una inflamación patológica, la secretada por el músculo durante el ejercicio tiene efectos antiinflamatorios.
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