Es en una alta meseta desértica de Chile donde una imponente estructura toma forma. La cúpula del Extremely Large Telescope (ELT) está terminándose para albergar un espejo gigante. Esta envoltura metálica de 80 metros de altura debe proteger el delicado equipo de las condiciones del desierto de Atacama, uno de los lugares más secos del planeta.
El diseño de esta cúpula integra soluciones técnicas innovadoras. Sus puertas motorizadas están recibiendo actualmente un revestimiento de aluminio que limita los cambios de temperatura. En la base del edificio se han previsto amortiguadores especiales para resistir los temblores sísmicos, un riesgo real en esta región. Toda la parte superior podrá girar sobre una base de hormigón, permitiendo que el telescopio apunte a cualquier parte del cielo mientras permanece protegido.
La cúpula del Extremely Large Telescope en construcción en el desierto de Atacama. Crédito: ESO/G. Vecchia
Dentro de este recinto, se instalarán cinco espejos de gran tamaño después de 2027. El mayor de ellos medirá 39 metros de diámetro, una dimensión sin precedentes para un instrumento óptico. Es esta superficie de recolección de luz excepcional la que abrirá nuevas perspectivas para escrutar el espacio profundo.
Los astrónomos esperan realizar las primeras observaciones de prueba a principios del año 2029. Si todo transcurre según lo previsto, los verdaderos trabajos científicos podrían comenzar en diciembre de 2030. Este instrumento promete imágenes de una nitidez nunca alcanzada desde tierra, superando ampliamente las capacidades de los telescopios actuales.
Los objetivos científicos de este proyecto son ambiciosos. Consistirán, entre otros, en buscar planetas similares a la Tierra alrededor de otras estrellas y en estudiar objetos celestes muy distantes. Los datos recopilados también deberían aportar nueva información sobre la formación y evolución de las galaxias.
Vistas del ELT. Imágenes ESO.
¿Por qué observar desde un desierto de altitud?
La ubicación de un observatorio astronómico se elige cuidadosamente para maximizar la calidad de las observaciones. Los sitios en alta altitud, como la meseta de Atacama, colocan los telescopios por encima de una parte importante de la atmósfera terrestre. Esta capa de aire menos espesa atenúa las perturbaciones que hacen titilar a las estrellas.
La atmósfera absorbe y dispersa parte de la luz de los astros, especialmente en el infrarrojo. Un aire seco y puro, característico de los desiertos, deja pasar más de estas radiaciones. Esto es esencial para estudiar fenómenos como la formación de estrellas, a menudo oculta tras nubes de polvo pero que son transparentes en infrarrojo.
Otra ventaja importante es la estabilidad atmosférica. Los desiertos de altitud suelen tener vientos tranquilos y noches despejadas durante gran parte del año. Esta estabilidad limita las turbulencias del aire, que desdibujan las imágenes y reducen la nitidez de las observaciones.
Por último, el alejamiento de las grandes ciudades limita considerablemente la contaminación lumínica. El cielo nocturno permanece excepcionalmente oscuro, permitiendo detectar el tenue brillo de las galaxias más distantes sin ser enmascarado por las luces artificiales. Es una condición indispensable para explorar los confines del Universo observable.