Durante más de un siglo, la estrella llamada Gamma-Cassiopeiae (o "Gamma-Cas") ha perturbado a los astrónomos. Visible a simple vista en el hemisferio norte, esta estrella masiva emite una luz poderosa y rayos X que han resistido durante mucho tiempo a cualquier explicación.
Situada a unos 550 años luz, Gamma-Cassiopeiae supera ampliamente a nuestro Sol en tamaño y luminosidad. Ya en el siglo XIX, se notó su firma de hidrógeno atípica, seguida en la década de 1970 por la detección de emisiones intensas de rayos X.
Representación de la estrella Gamma-Cassiopeiae alimentando a un pequeño compañero estelar. Crédito: ESA, Y. Nazé
Durante décadas, los científicos han explorado diversas pistas para dilucidar estas emisiones. Algunas hipótesis implicaban interacciones magnéticas, mientras que otras postulaban la existencia de un compañero oculto. El advenimiento de telescopios espaciales de rayos X, como XMM-Newton y Chandra, permitió identificar otras estrellas similares, formando la categoría de las estrellas Be.
Gracias a la misión XRISM, surgió una respuesta. Sus observaciones de alta precisión revelaron la presencia de un compañero compacto, probablemente una enana blanca, que sifona progresivamente la materia de Gamma-Cassiopeiae. Este hallazgo cierra un capítulo de especulaciones y valida una teoría largamente debatida en la comunidad astronómica.
Las enanas blancas, residuos de estrellas que han agotado su combustible nuclear, pueden, en órbita cercana, atraer y consumir el gas de estrellas masivas. Este proceso genera los rayos X detectados, explicando finalmente por qué Gamma-Cassiopeiae brilla tan intensamente en este rango energético, como indirectamente confirmó Yaël Nazé de la Universidad de Lieja.
Aunque estos pares estelares son poco frecuentes, abren nuevas vías para comprender la evolución de los sistemas binarios. Los investigadores pueden ahora refinar sus modelos para entender cómo las estrellas interactúan e intercambian materia a lo largo del tiempo.
Esquema que ilustra el mecanismo por el cual un compañero provoca las emisiones de rayos X de Gamma-Cassiopeiae. Crédito: ESA, Y. Nazé