Los investigadores se han interesado en cómo la fuente geológica y la antigüedad de las aguas subterráneas, que abastecen nuestras redes de agua potable, podrían estar vinculadas a la enfermedad de Parkinson.
Científicos llevaron a cabo este análisis a partir de información procedente de 21 grandes acuíferos estadounidenses. Su trabajo, presentado en la 78ª reunión anual de la
Academia Americana de Neurología, examina si la calidad del agua, determinada por su origen, puede tener un efecto sobre el riesgo de trastornos cerebrales. Compararon sistemas municipales y pozos privados para identificar tendencias.
Los acuíferos, estos reservorios naturales de agua bajo la superficie, presentan características diversas. Los acuíferos carbonatados, compuestos en gran parte de caliza, permiten que el agua circule rápidamente a través de fisuras y canales. Esta configuración los hace más sensibles a los contaminantes de superficie. En oposición, los acuíferos glaciares, formados hace más de 12.000 años, están constituidos por arena y grava, donde el agua se mueve lentamente y se filtra naturalmente con el tiempo.
Los resultados muestran que las personas que usan agua procedente de acuíferos carbonatados tienen un riesgo un 24% más alto de desarrollar la enfermedad de Parkinson en comparación con aquellos cuyo agua proviene de otros tipos de acuíferos. Cuando se compara específicamente con los acuíferos glaciares, este riesgo alcanza el 62%. Estas cifras se obtuvieron después de ajustar por edad, sexo, ingresos y contaminación del aire.
En los acuíferos carbonatados, el agua más antigua parece ofrecer cierto nivel de protección. Por cada aumento de una desviación estándar en la antigüedad del agua en el acuífero, el riesgo de enfermedad disminuye aproximadamente un 6,5%. Por otra parte, el agua que entró en el sistema durante los últimos 75 años se asocia con un riesgo un 11% más alto en comparación con el agua que data de hace más de 12.000 años. Estos elementos indican que la "juventud" del agua subterránea podría ser un parámetro a tener en cuenta.
Estos resultados destacan la necesidad de conocer el origen de nuestra agua potable, ya sea a través de los servicios públicos locales o las agencias para pozos privados. Aunque se requieren investigaciones complementarias, esta investigación ofrece nuevas pistas para comprender las influencias ambientales en la salud.
Este estudio se basa en la hipótesis de una exposición uniforme para todos los habitantes que viven cerca de los sitios de muestreo. Las diferencias individuales en las fuentes de agua o los niveles de exposición no se midieron directamente. Por lo tanto, las conclusiones deben interpretarse con precaución a la espera de verificaciones adicionales.