Vista desde el espacio, la superficie de un inmenso iceberg se adorna con un tono azul inusual, lo que probablemente indica su próximo final después de cuatro décadas de viaje a través del océano. Esta metamorfosis espectacular, inmortalizada por los instrumentos del NASA Earth Observatory, sorprende: ¿cómo puede un bloque de hielo modificar así su apariencia?
Tras ser liberado en la década de 1980, el iceberg A-23A deriva ahora en las aguas del Atlántico Sur. Instantáneas obtenidas en diciembre de 2025 revelan la presencia reciente de manchas coloreadas en su superficie. Esta vigilancia desde la órbita ofrece así una vista inmejorable de la transformación de este coloso helado.
Un iceberg cuarentón muestra signos de deshielo con estanques azules. Crédito: NASA Earth Observatory image by Michala Garrison, using MODIS data from NASA EOSDIS LANCE and GIBS/Worldview.
Originario de la plataforma de Filchner en la Antártida, este iceberg tabular se encuentra entre los más grandes jamás registrados. Su longevidad excepcional brinda a los investigadores una oportunidad única de estudiar el recorrido de las masas glaciares en una escala de tiempo prolongada. La información recopilada.
Estos reflejos azules corresponden a charcos de agua líquida que aparecen cuando el aire se calienta y el sol golpea el hielo. Su acumulación en las depresiones de la superficie del iceberg puede aumentar el peso local, provocando fracturas y acelerando la desintegración. Este mecanismo es perfectamente visible desde satélites como el Terra de la NASA.
La desintegración de tal gigante libera importantes cantidades de agua dulce y fría en el océano, lo que modifica las corrientes marinas cercanas. Esta alteración puede provocar el ascenso de aguas profundas cargadas de nutrientes, lo que a su vez estimula la proliferación de fitoplancton. Esta microalga constituye la base de la cadena alimentaria marina, demostrando la influencia indirecta de estos mastodontes de hielo en el medio ambiente oceánico.
La vigilancia de estos eventos desde el espacio gana en relevancia con la evolución de las condiciones climáticas. Aunque la formación y desaparición de los icebergs forman parte de un ciclo natural, el aumento general de las temperaturas tiende a acelerar estos fenómenos. Los científicos aprovechan esta información para refinar sus modelos sobre el futuro de las zonas polares.
La influencia de los icebergs en la biodiversidad marina
Cuando un iceberg se derrite, libera agua dulce y minerales atrapados en el hielo. Esta mezcla se dispersa en el océano, alterando la salinidad y la temperatura de las aguas circundantes. Estos cambios pueden atraer o repeler a ciertas especies marinas.
El frío y los nutrientes aportados a menudo estimulan la proliferación de fitoplancton. Estos microorganismos son consumidos por el zooplancton, que luego sirve de alimento a animales más grandes como peces o ballenas. Así, un iceberg en descomposición puede convertirse en un punto de concentración temporal para la vida marina.
Este aporte de materiales también puede enriquecer los sedimentos oceánicos, influyendo en los hábitats de los fondos marinos. Los investigadores estudian estos efectos para cartografiar mejor los ecosistemas polares y sus respuestas a la evolución del clima.
Comprender estas interacciones ayuda a anticipar cómo la desaparición más rápida de los icebergs podría afectar a las poblaciones marinas.