La idea de una transformación humana rápida, que habría convertido a nuestros ancestros en seres modernos hace unos 50 000 años, está cada vez más cuestionada. Un examen minucioso de los datos arqueológicos, fósiles y genéticos revela un panorama muy diferente, menos uniforme y predecible.
El arqueólogo Huw S. Groucutt, en un estudio publicado en
Quaternary Science Reviews, sostiene que los conceptos de modernidad y transformación humana provienen más de sesgos y de la selección de elementos favorables que de un enfoque objetivo. Al compilar datos fósiles, genéticos y arqueológicos, revela que la anatomía y el comportamiento modernos se desarrollaron de manera mosaico, diferente según las regiones, y gradual.
El modelo del cambio del Paleolítico superior postulaba un giro cognitivo o genético semibrusco. Sin embargo, los descubrimientos recientes contradicen este modelo. Los comportamientos elaborados, como la creación de adornos o herramientas de hueso, aparecen y desaparecen de forma intermitente en África, mucho antes de su difusión en Europa. Los avances no siguen una línea recta, sino que se producen mediante ensayos, con progresos y retrocesos.
Los métodos de datación también añaden su parte de incertidumbre. Huw S. Groucutt menciona el ejemplo de un fósil de la cueva de Misliya en Israel: según las técnicas utilizadas, su edad fluctúa entre 70 000 y 190 000 años. Este tipo de discrepancia recuerda que hay que ser prudente cuando se depende de un único método. La cronología de la dispersión humana sigue siendo, por tanto, muy incierta.
En cuanto a la anatomía, el término "hombre anatómicamente moderno" también es ambiguo. Caracteres considerados modernos aparecen en fósiles de 300 000 años de antigüedad en Jebel Irhoud (Marruecos), pero algunos investigadores consideran que la anatomía plenamente moderna no se generalizó hasta hace unos 50 000 años. Aún más sorprendente, un carácter considerado arcaico –la forma alargada del cráneo– reaparece entre 16 000 y 12 000 años en África, mucho después de que se supusiera que los caracteres modernos dominaban.
En lugar de una mutación genética única, los datos actuales indican una larga evolución a veces caótica. Huw S. Groucutt destaca la necesidad de cruzar las evidencias: la arqueología, los fósiles y la genética cuentan historias diferentes si se toman de forma aislada.