En las grandes ciudades, la contaminación del aire se controla mediante estaciones fijas, por ejemplo las de Airparif en Île-de-France, que permiten un seguimiento bastante detallado de diferentes tipos de contaminantes y modelar las tendencias generales. Estas estaciones aún son demasiado escasas para dar cuenta de la exposición real de la población, calle por calle.
Este lÃmite es particularmente problemático para la fracción inorgánica de las partÃculas finas (de tamaño inferior a 2,5 micrómetros) y ultrafinas (más pequeñas que 0,1 micrómetros). Por "fracción inorgánica" nos referimos a las partÃculas minerales que no contienen carbono. Estas son de origen primario (erosión del suelo, partÃculas metálicas relacionadas con el desgaste de las pastillas de freno...) o secundario, formadas a partir de otros contaminantes gaseosos. Estas partÃculas están estrechamente vinculadas al tráfico rodado y asociadas a efectos sanitarios importantes. Sin embargo, actualmente solo hay una estación de medición fija operativa en ParÃs.
Sin embargo, la medición deberÃa guiar la acción: el urbanismo, los carriles bici, la peatonalización o la regulación del tráfico se basan en datos que a menudo son demasiado fragmentarios para fundamentar decisiones locales.
Nuestra investigación, publicada en la revista Community Science, se basa en una observación simple: los árboles registran la contaminación de su entorno inmediato. Las partÃculas del tráfico se depositan en la corteza, que actúa como un captador pasivo que integra la contaminación durante varios meses. Esto la convierte en un indicador relevante para evaluar la exposición crónica.
La corteza de los plátanos, reveladora de contaminación
En el marco del proyecto Ecorc'Air, voluntarios recolectan, cada primavera, en el momento de la exfoliación anual, fragmentos de corteza de plátanos, un árbol omnipresente a lo largo de las calles, especialmente en la capital parisina, que alberga más de 40 000 plátanos.
En segundo lugar, la contaminación disminuye rápidamente con la distancia. Nuestros datos muestran una clara disminución de la contaminación por partÃculas a medida que nos alejamos de la calzada, especialmente en los primeros metros. Esto confirma la importancia de la elección de la ubicación de las aceras y los carriles bici en relación con las barreras naturales (setos o arbustos) y las zonas de descanso (espacios donde se encuentran, por ejemplo, bancos).
Cuando los coches actúan como pantalla
Uno de los resultados más sorprendentes se refiere a la organización muy concreta del espacio público. En varios grandes ejes parisinos, especialmente en el bulevar Saint-Germain, comparamos los niveles de contaminación registrados por los árboles según la configuración de la vÃa más cercana: circulación automovilÃstica general (configuración notada A en el esquema siguiente), carril bus-taxi (C), carril compartido bus-bici-taxi (D) o presencia de una fila de estacionamiento entre la calzada y la acera (B).
Cuatro configuraciones de la calzada están presentes en el bulevar Saint-Germain. C. Carvallo y col., 2024, Proporcionado por el autor
Esta observación sugiere que los vehÃculos estacionados desempeñan un doble papel. Por un lado, aumentan la distancia entre la fuente de emisión y los peatones y, por otro, constituyen un obstáculo fÃsico para la proyección directa de las partÃculas metálicas del tráfico hacia las aceras. Este efecto de "biombo" reduce la exposición de los peatones de manera comparable a la obtenida alejándose varios metros de la calzada.
Los carriles compartidos con autobuses y taxis, a menudo presentados como favorables a las movilidades activas, están asociados a niveles altos de contaminación. Ben Welle, CC BY-SA
Estos resultados, intuitivos en apariencia, rara vez son objetivados por datos de alta resolución espacial. Muestran que elecciones de acondicionamiento muy concretas -planes de estacionamiento, ensanchamiento de aceras, separación real de los carriles bici, separación espacial de las zonas peatonales y el tráfico rodado, proyectos de vegetalización...- tienen efectos medibles en la exposición diaria de la población.
La ciencia ciudadana cambia las reglas del juego
Un nivel de detalle asà no habrÃa sido posible sin la participación masiva de voluntarios. Las redes de monitoreo reglamentarias, indispensables para seguir las tendencias de fondo, se basan en un número limitado de estaciones fijas. En ParÃs, como en la mayorÃa de las grandes ciudades, estas están demasiado espaciadas para dar cuenta de los contrastes finos relacionados con la morfologÃa de las calles, la intensidad local del tráfico o las elecciones de acondicionamiento.
El proyecto Ecorc'Air se basa en una lógica diferente: multiplicar los puntos de medición simples, robustos y comparables en el tiempo. Al movilizar a voluntarios para recolectar muestras de corteza de plátanos a la altura de la respiración, ha sido posible constituir, año tras año, una base de datos accesible de varios miles de puntos, que cubren barrios enteros y permiten comparaciones temporales.
En un contexto donde las recomendaciones sanitarias internacionales son cada vez más estrictas y la demanda social de transparencia ambiental aumenta, estos datos finos constituyen un apoyo valioso para la toma de decisiones. Permiten superar los debates demasiado generales sobre la contaminación para entrar en una lógica de acción concreta, territorializada y discutida, en concertación con los usuarios.