El Ediacárico, una era que terminó hace unos 540 millones de años, se considera el preludio de la explosión cámbrica, un período marcado por una rápida diversificación de especies. Hasta ahora, algunos fósiles de esa época se atribuían a pequeños invertebrados, la meiofauna. Pero los últimos análisis indican que los océanos de ese período aún eran demasiado pobres en oxígeno para albergar tales animales.
Fósiles de bacterias o algas visibles a simple vista, descubiertos en un antiguo fondo marino que aflora en el actual estado brasileño de Mato Grosso do Sul. Crédito: Bruno Becker-Kerber/Harvard University
Para entender este enigma, los investigadores han utilizado técnicas de vanguardia como la microtomografía y la nanotomografía, gracias al haz MOGNO del sincrotrón Sirius en Brasil. Estos métodos han revelado estructuras celulares preservadas en los fósiles, con paredes e incluso materia orgánica, típicas de microorganismos. El análisis por espectroscopia Raman confirmó la presencia de compuestos orgánicos en las paredes celulares, reforzando la hipótesis de restos microbianos.
Los fósiles examinados provienen de la formación geológica de Tamengo, en Mato Grosso do Sul. Sus diversas formas – filamentos enrollados, tabiques cóncavos o convexos – corresponden a diferentes especies de bacterias y algas. Algunos especímenes contenían pirita, un mineral de hierro y azufre, indicando la presencia de bacterias sulfurosas, capaces de vivir en entornos pobres en oxígeno.
Estos resultados cambian las reglas del juego para la comprensión de la explosión cámbrica. Si los rastros animales más antiguos datan efectivamente del Cámbrico, esto significa que el oxígeno aún no era suficiente en el Ediacárico para sostener la meiofauna. Por lo tanto, los científicos deben reevaluar las condiciones que permitieron la aparición de la vida animal.
Los investigadores señalan que estos fósiles no son simples rastros de paso de animales, sino los restos de comunidades microbianas gigantes. Este descubrimiento invita a reconsiderar las evidencias fósiles del amanecer de la vida animal y abre el camino a nuevas investigaciones sobre las condiciones ambientales precámbricas.
En un estudio separado, el mismo equipo ha identificado lo que podría ser el fósil de liquen más antiguo, también descubierto en Mato Grosso do Sul.