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🛰️ Una grieta en el espacio: la órbita terrestre se convierte en una zona de riesgo
Publicado por Adrien, Otros Idiomas: FR, EN, DE, PT
Alrededor de nuestro planeta, una nube de fragmentos metálicos se espesa progresivamente. Esta nube orbital, formada por millones de desechos procedentes de satélites y etapas de cohetes, constituye ahora un obstáculo mayor para las misiones futuras. En 2025, un incidente ilustró de manera concreta los peligros que plantea esta acumulación.
Cuando los astronautas chinos de la misión Shenzhou-20 inspeccionaron su nave antes de abandonar la estación espacial, descubrieron minúsculas grietas en la ventana principal. Un análisis estableció rápidamente que el impacto de un desecho espacial era la causa, haciendo el retorno demasiado peligroso. Esta situación desencadenó la primera misión de rescate de emergencia del programa espacial tripulado chino, con el lanzamiento de una nueva nave para garantizar el regreso de la tripulación.
Según los especialistas, este suceso va más allá de la anécdota técnica. Un experto consultado por Space.com percibe en él una señal inquietante sobre nuestra capacidad colectiva para vigilar lo que se encuentra en órbita. Indica que retrasar el regreso de una tripulación por prudencia muestra en realidad una falta de conocimiento preciso y compartido sobre la localización de todos esos objetos. Cada nuevo fragmento abandonado añade aún más incertidumbre, reduciendo progresivamente los márgenes de seguridad para todas las actividades espaciales.
Esta incertidumbre no es solo un problema de estadísticas, sino también de intercambio de información. El experto señala que, para avanzar, sería necesario que las naciones y las empresas privadas traten la fiabilidad y la transparencia de los datos como una parte integral de la seguridad. Se necesitan sistemas comunes de seguimiento orbital y bases de conocimiento interoperables. El episodio Shenzhou-20 podría así servir de catalizador para una gestión mejorada del espacio, donde las misiones serían evaluadas por su capacidad para mantener el orden más que para añadir desorden.
Además, la multiplicación de las constelaciones de satélites agrava el problema. Si algunas iniciativas se llevan a cabo de manera responsable, otras descuidan las consecuencias a largo plazo. Otro especialista observa el creciente abandono de etapas de cohetes en órbitas donde permanecerán durante décadas. Compara esta actitud con una forma de calentamiento climático orbital, donde algunos operadores priorizan ganancias a corto plazo ignorando efectos bien documentados. Considera que una acción dirigida sobre los objetos más problemáticos podría disminuir en un 30% el potencial de creación de nuevos desechos, pero esta voluntad todavía falta.
Estas preocupaciones superan ahora el marco estrictamente espacial. Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente identifica los desechos orbitales como un 'problema emergente'. Advierte sobre las dificultades ambientales planteadas por el crecimiento exponencial del sector espacial, que despliega miles de nuevos ingenios cada año. Los riesgos incluyen la contaminación atmosférica durante los lanzamientos, las emisiones en la estratosfera y las consecuencias potenciales de las reentradas de desechos sobre la química y el clima de nuestra atmósfera.
Ilustración que evoca el aumento de lanzamientos y la ansiedad ligada a la caída de material espacial en desuso. Crédito: Chelsea Thompson/NOAA
El síndrome de Kessler
Cuando se evoca la basura espacial, un concepto teórico reaparece a menudo: el efecto en cascada. Este escenario, formalizado a finales de los años 1970, describe una situación donde una primera colisión entre dos objetos en órbita genera una nube de fragmentos. Estos nuevos desechos, desplazándose a muy alta velocidad, entran a su vez en colisión con otros objetos, creando así una reacción en cadena incontrolable.
El resultado sería la formación de un cinturón de desechos tan denso que algunas órbitas se volverían impracticables durante décadas, incluso siglos. El tráfico espacial y el uso de satélites para las comunicaciones, la meteorología o la navegación se verían muy comprometidos. Esta perspectiva guía hoy los esfuerzos para desarrollar reglas de buena conducta y tecnologías de limpieza.
Los desechos en órbita no caen todos rápidamente. En altitud, donde la atmósfera es muy tenue, la resistencia del aire es casi nula. Un objeto situado en una órbita alta puede permanecer allí siglos antes de descender y consumirse. Esto significa que cada nuevo objeto abandonado contribuye a un stock casi permanente, aumentando la probabilidad de colisiones futuras.