Un equipo de investigación obtuvo un resultado inesperado al estudiar cabellos conservados, los más antiguos de los cuales datan de 1916. Estos mechones ofrecieron la posibilidad de reconstruir la exposición al plomo de los habitantes de Estados Unidos.
Los científicos de la Universidad de Utah examinaron muestras de cabello pertenecientes a 48 personas, recolectadas hasta nuestros días. Varios participantes incluso proporcionaron mechones de padres o abuelos, cuidadosamente guardados en álbumes familiares. Este enfoque original pudo llevarse a cabo gracias a una tradición local de preservación de archivos genealógicos.
Un "coche americano clásico" consumiendo... gasolina con plomo. Imagen de ilustración Pixabay
Los análisis revelan una disminución notable de las cantidades de plomo medidas en el cabello. Antes de los años 1970, las concentraciones podían ascender hasta 100 partes por millón. Actualmente, se sitúan por debajo del umbral de una parte por millón. Esta caída sigue de cerca la eliminación progresiva del plomo en la gasolina, la pintura y las tuberías de agua.
A lo largo del siglo XX, este metal pesado estaba presente en todas partes en la vida cotidiana. Incorporado a la gasolina para aumentar la potencia de los motores, también formaba parte de la composición de las pinturas y las tuberías. Su peligrosidad, particularmente dañina para el desarrollo cerebral de los niños, no se identificó completamente hasta décadas más tarde, lo que llevó a la introducción de legislaciones estrictas.
La técnica de análisis empleada se basa en la espectrometría de masas, capaz de detectar cantidades minúsculas de plomo fijadas en la superficie del cabello. A diferencia de la sangre, que refleja una exposición inmediata, el cabello registra un rastro de los contactos durante largos períodos.
La zona de Utah, anteriormente caracterizada por una intensa actividad industrial, vio disminuir drásticamente sus niveles de contaminación tras el cierre de las fundiciones y la implementación de nuevas normas. Los habitantes de la región se beneficiaron directamente.
¿Cómo afecta el plomo la salud humana?
Este metal pesado se acumula progresivamente en el cuerpo. Después de la inhalación o ingestión, se aloja en los huesos y tejidos, donde puede permanecer durante muchos años. Esta intoxicación lenta a menudo es imperceptible inicialmente, pero sus consecuencias a largo plazo están bien establecidas.
Para los niños, incluso pequeñas cantidades pueden obstaculizar el desarrollo del cerebro. El plomo perturba la transmisión de las señales nerviosas, lo que puede provocar trastornos del aprendizaje, una reducción de las capacidades intelectuales y modificaciones del comportamiento. Los individuos jóvenes son más sensibles porque su sistema nervioso está en proceso de formación.
En los adultos, una exposición prolongada al plomo aumenta las probabilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares y renales. También puede perjudicar la fertilidad y agravar otros estados de salud. Los empleados de industrias que utilizan este metal están particularmente afectados, necesitando equipos de protección adecuados.
La prevención se organiza en torno a la reducción de las fuentes de exposición. Retirar el plomo de los bienes de consumo, como la gasolina o las pinturas, ha permitido reducir sensiblemente las intoxicaciones.