Un cometa denominado C/2026 A1 (MAPS) acaba de llamar la atención de los astrónomos. Su identificación, mucho antes de su llegada cerca del Sol, constituye un evento inusual para este tipo de objeto.
Los cometas Kreutz, entre los que figura MAPS, son probablemente fragmentos de un mismo cuerpo progenitor desintegrado hace varios siglos. Sus órbitas los llevan a rozar nuestra estrella, y algunos, como los observados en 1843 o en 1965, han desarrollado un brillo excepcional. Su origen podría remontarse a eventos históricos, como el gran cometa reportado en el año 371 antes de nuestra era.
Vista del cometa C/2026 A1 (MAPS). Crédito: Denis Huber/Wikimedia Commons/CC BY-SA 4.0
La detección de MAPS se distingue por su descubrimiento temprano: se realizó once semanas antes de su perihelio, lo que representa un récord para un cometa de este grupo. Este lapso de tiempo permite a los investigadores organizar un seguimiento minucioso de su evolución y planificar observaciones detalladas.
Durante su máxima aproximación al Sol, prevista para principios de abril, el cometa estará expuesto a temperaturas muy elevadas y a fuertes tensiones gravitacionales. Estas condiciones extremas ponen en peligro su integridad, ya que muchos miembros de esta familia terminan por vaporizarse o desintegrarse. Los archivos astronómicos indican que solo los núcleos más robustos sobreviven a tal proximidad.
Las predicciones sobre el brillo de MAPS están divididas dentro de la comunidad científica. Algunos análisis, publicados en revistas como la Circular de la Oficina Central de Telegramas Astronómicos, anticipan su desaparición. Por el contrario, en plataformas especializadas, otros expertos consideran que podría volverse visible sin instrumentos. Estas divergencias muestran el carácter impredecible de tales fenómenos.
Las próximas semanas de observación permitirán afinar las proyecciones sobre el destino de este objeto. En el caso de que su luminosidad aumente significativamente, podría embellecer el cielo al anochecer durante el mes de abril.