La aparición de las moléculas indispensables para la vida en la Tierra constituye una interrogante mayor para la ciencia.
Un reciente avance muestra que aminoácidos, estos elementos fundamentales de lo vivo, podrían haber surgido en medios helados y expuestos a radiaciones, lejos de las condiciones clementes hasta entonces contempladas. Este descubrimiento proviene del examen de granos de polvo ínfimos traídos del asteroide Bennu.
Científicos estudiando el asteroide Bennu descubrieron que aminoácidos clave pueden formarse en entornos helados y ricos en radiación en lugar de en agua caliente. Vista de ocho placas conteniendo el material final del asteroide Bennu. Crédito: NASA/Erika Blumenfeld & Joseph Aebersold
Durante el año 2023, la misión OSIRIS-REx de la NASA hizo regresar a nuestro planeta muestras de Bennu, un asteroide considerado primitivo. Los análisis permitieron reconocer en él aminoácidos de 4,6 mil millones de años de antigüedad, estableciendo que estos componentes de la vida existen efectivamente en el espacio, y son incluso elementos constitutivos de nuestro Sistema Solar y, por consiguiente, de la Tierra.
El estudio publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences indica que su génesis no corresponde a los modelos actuales.
Investigadores de la universidad Penn State emplearon instrumentos diseñados especialmente para detectar isótopos, ligeras diferencias en la masa atómica. Su atención se centró en una cantidad de polvo equivalente a una cucharadita, enfocándose en la glicina, el aminoácido más elemental. Esta molécula suele servir como indicador para reconstituir los mecanismos químicos primordiales.
Los datos obtenidos muestran que la glicina presente en Bennu se formó probablemente en ausencia de agua líquida, dentro de hielo sometido a radiaciones en los confines del joven Sistema Solar. Esta observación se opone al proceso de Strecker, percibido por mucho tiempo como la vía a privilegiar, el cual exige agua caliente y compuestos como el amoníaco.
Analizando un poco de polvo espacial no más grande que una cucharadita, el equipo de Penn State utilizó instrumentos personalizados capaces de medir isótopos. Crédito: Jaydyn Isiminger / Penn State
Una comparación con el meteorito de Murchison, caído en Australia en 1969, resalta esta divergencia. Los aminoácidos de Murchison parecen provenir de un medio que contenía agua líquida y temperaturas moderadas, potencialmente similares a las de la Tierra primitiva. Bennu, por su parte, da testimonio de condiciones claramente más hostiles.
Estos trabajos proponen que los cuerpos progenitores de Bennu y de Murchison provenían de zonas químicamente distintas dentro del Sistema Solar. Por consiguiente, los ingredientes necesarios para la vida podrían haber seguido trayectorias múltiples para llegar hasta nosotros, multiplicando las posibilidades en cuanto a su emergencia en otros lugares del Universo.
Nuevas interrogantes surgen, como la razón por la cual dos formas espejo de un aminoácido presentan firmas isotópicas distintas. El equipo planea examinar otros meteoritos con el fin de establecer una cartografía de la diversidad de las condiciones prebióticas.