🌍 Una falla en Turquía se separa en lugar de deslizarse: un descubrimiento importante

Publicado por Adrien,
Fuente: Communications Earth & Environment
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La corteza terrestre se mueve constantemente, y ciertas regiones del planeta nos ofrecen ventanas únicas para observar estos movimientos imperceptibles a simple vista. Unos investigadores acaban de hacer un descubrimiento importante en Turquía que ilumina de manera novedosa la forma en que los continentes se desgarran lentamente.

El estudio de coladas de lava antiguas a lo largo de la falla de Tuz Gölü en el centro de Turquía permitió a un equipo de la Universidad Curtin documentar por primera vez la extensión pura de esta estructura geológica. Estas coladas volcánicas, que se solidificaron antes de ser fracturadas por terremotos, sirvieron como marcadores naturales para medir los desplazamientos a lo largo de miles de años. Los científicos pudieron reconstruir su posición original y calcular con precisión su desplazamiento a lo largo del tiempo.


Imagen ficticia de una falla que divide una ciudad en dos.

Los métodos de análisis empleados combinan la imagen satelital con técnicas de datación por helio realizadas en el centro John de Laeter. Los cristales de circón presentes en las coladas de lava desempeñaron el papel de cronómetros geológicos naturales. Midieron las concentraciones de uranio, torio y helio atrapadas en estos minerales, los investigadores determinaron la edad precisa de las erupciones volcánicas y cuantificaron los desplazamientos que siguieron.

El profesor Axel Schmitt precisa que esta falla se separa a un ritmo de aproximadamente un milímetro por año, un movimiento de extensión inesperado que contrasta con el deslizamiento lateral dominante en la región. Este descubrimiento modifica nuestra comprensión de la dinámica de las placas en esta zona donde interactúan las placas euroasiática, arábiga y africana. Permite afinar los modelos de deformación continental a escala global.

La experiencia en teledetección de Janet Harvey fue determinante para analizar las deformaciones del paisaje en esta falla donde los terremotos son menos frecuentes que en otras estructuras turcas. Estos movimientos lentos pero continuos acumulan tensiones que pueden generar terremotos destructores. Comprender su mecanismo ayuda a evaluar mejor los riesgos sísmicos y volcánicos en todo el cinturón alpino-himalayo.


El volcán Hasandağ, fuente de las coladas de lava estudiadas.
Crédito: Axel Schmitt

La combinación de la datación radiométrica y la observación espacial abre nuevas perspectivas para descifrar la evolución de los paisajes en escalas de tiempo geológicas. Estos trabajos ilustran cómo procesos aparentemente insignificantes pueden modelar duraderamente la superficie de nuestro planeta.

El papel de los cristales de circón como relojes geológicos


Los cristales de circón constituyen archivos minerales excepcionales para rastrear la historia geológica. Estos minerales se forman en el magma y atrapan naturalmente elementos radiactivos como el uranio y el torio durante su cristalización. Con el tiempo, la desintegración radiactiva de estos elementos produce helio que se acumula en la estructura cristalina del circón.

La cantidad de helio atrapado depende directamente del tiempo transcurrido desde la solidificación de la roca. Midieron con precisión las relaciones entre uranio, torio y helio, los geólogos pueden determinar cuándo se enfrió una colada de lava. Esta técnica de datación, llamada termocronología por helio, funciona como un cronómetro natural extremadamente preciso.

En el estudio turco, estos cristales permitieron datar las erupciones del volcán Hasandağ y seguir el desplazamiento de las coladas de lava fracturadas por la actividad sísmica. Cada circón analizado cuenta una parte de la historia geológica de la región, desde la erupción volcánica hasta los movimientos tectónicos posteriores. Este método ofrece una resolución temporal notable para eventos ocurridos hace miles de años.

El uso del circón como indicador temporal revoluciona nuestra capacidad para reconstruir la evolución de los paisajes. Estos minúsculos cristales preservan información que las observaciones de superficie no pueden revelar, permitiendo a los científicos cuantificar procesos geológicos lentos pero continuos.

La interacción de las placas tectónicas en Anatolia central


Turquía se sitúa en la confluencia de tres grandes placas tectónicas: la placa euroasiática al norte, la placa arábiga al sureste y la placa africana al suroeste. Esta configuración única genera tensiones que se manifiestan por diferentes tipos de movimientos a lo largo de las fallas. La región constituye un laboratorio natural para estudiar la dinámica de las placas en colisión.

La falla de Tuz Gölü ocupa una posición clave en este sistema interactivo. Tradicionalmente, los científicos pensaban que esta estructura geológica funcionaba principalmente por deslizamiento lateral, como la famosa falla de Anatolia del Norte. El nuevo estudio demuestra que se trata en realidad de una falla de extensión donde los bloques rocosos se separan progresivamente.

Este movimiento de separación refleja el estiramiento de la corteza terrestre bajo el efecto de las fuerzas tectónicas regionales. La placa arábiga empuja hacia el norte contra la placa euroasiática, creando zonas de compresión pero también zonas de extensión donde la corteza se adelgaza y se fractura. Este proceso contribuye a la formación de cuencas como la del lago Tuz.

Comprender estas interacciones ayuda a los científicos a modelar cómo se deforman los continentes bajo la presión de las colisiones tectónicas. Estos conocimientos se aplican a otras regiones del mundo donde las placas entran en colisión, como en la cadena del Himalaya. También permiten afinar las evaluaciones del riesgo sísmico identificando los mecanismos precisos que generan los terremotos.
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