Los barcos que circulan por ríos y canales emitirían casi una cuarta parte del CO₂ producido por el conjunto de los barcos del mundo.
Para obtener esta estimación, los investigadores aprovecharon unos 20.000 millones de posiciones registradas por los sistemas automáticos de identificación de buques. Estas señales permiten seguir sus desplazamientos. Después, un algoritmo reconstruyó los tramos de trayecto que faltaban, con el fin de estimar con mayor precisión el consumo de combustible y las emisiones asociadas.
El resultado corresponde al año 2022. Los barcos que navegaban por aguas interiores habrían liberado alrededor de 164 millones de toneladas de CO₂. Esto representa el 24,7 % de las emisiones de todos los barcos estudiados, aunque estas embarcaciones utilizan solo el 0,4 % de la superficie navegable mundial considerada.

Imagen ilustrativa de Pixabay
Esta elevada proporción se explica principalmente por la concentración del tráfico en determinados ejes. Los grandes ríos cercanos a zonas industriales o densamente pobladas reciben numerosos cargueros fluviales, barcazas y otras embarcaciones. Por tanto, las emisiones se concentran en unos pocos corredores, principalmente en el hemisferio norte, donde la actividad económica es especialmente intensa.
El tiempo y el nivel de los cursos de agua también modifican esta actividad. Una inundación, una sequía o una disminución del caudal pueden reducir la navegación durante ciertos periodos. Por el contrario, unas condiciones favorables permiten realizar más trayectos. Así, las emisiones varían a lo largo de las estaciones y según las regiones.
Los investigadores también estudiaron un efecto menos evidente. Un río libera naturalmente parte de su CO₂ a la atmósfera. El paso de los barcos agita el agua y puede acelerar estos intercambios gaseosos. Por tanto, la navegación no solo produce CO₂ mediante la combustión: también puede favorecer una liberación adicional del CO₂ que ya está presente en el agua.
Sin embargo, este efecto depende del estado del río. La cantidad inicial de CO₂ disuelto, la temperatura, el caudal y otras condiciones locales modifican la intensidad de los intercambios con el aire. Por ello, el aumento no es igual en todas partes. Dos vías navegables con un tráfico comparable pueden presentar impactos diferentes.
Estos datos podrían ayudar ahora a identificar las zonas donde una reducción de las emisiones tendría mayor efecto. Los autores mencionan, en particular, la mejora de los inventarios del transporte fluvial y de las estrategias adaptadas a los principales corredores. Los próximos análisis deberán separar mejor las emisiones directas de los motores del efecto de la agitación sobre el CO₂ natural de los ríos.