La Vía Láctea podría haber cambiado de orientación tras una colisión frontal con una galaxia enana, hace unos 10 mil millones de años. Simulaciones presentadas durante la reunión anual de la Royal Astronomical Society indican que su disco podría haberse inclinado más de 90 grados.
El disco galáctico reúne a la mayoría de las estrellas de la Vía Láctea en una estructura aplanada. El Sol se sitúa en esta región, que también contiene los brazos espirales y el centro galáctico. Su forma actual, sin embargo, no permite conocer directamente los antiguos trastornos que ha sufrido.

Representación de un encuentro entre Gaia-Encélado y el progenitor de la Vía Láctea, dando origen a nuestra galaxia actual.
Imagen Wikimedia
Los investigadores se interesaron por la rotación del halo estelar. Esta vasta envoltura rodea el disco y contiene estrellas que se mueven mucho más lentamente alrededor del centro galáctico. Su movimiento particular posee un indicio de una antigua fusión entre dos galaxias.
La galaxia enana implicada, Gaia-Encélado, se conoce familiarmente como Gaia-Sausage (la salchicha de Gaia). Sus estrellas fueron identificadas gracias a sus trayectorias alargadas y a ciertas características comunes. Serían los vestigios de una galaxia absorbida por la Vía Láctea al comienzo de su historia.
Para comprender las consecuencias de este encuentro, el equipo utilizó simulaciones numéricas de galaxias. Los cálculos muestran que una colisión casi frontal puede hacer girar el disco de una galaxia. Este vuelco se extiende a lo largo de varios cientos de millones de años.
Los resultados no significan que la Vía Láctea haya sido volteada como un objeto sólido. Las estrellas siguen órbitas individuales en un vasto sistema gravitacional. La colisión modificó progresivamente la organización global del disco y la dirección de su momento cinético.
Esta evolución podría explicar por qué el halo de la Vía Láctea gira notablemente más lento que su disco. También proporciona un marco para interpretar la distribución actual de las estrellas procedentes de la galaxia enana absorbida.
El estudio se basa en simulaciones y en la interpretación de los movimientos estelares. Otras observaciones deberán precisar la cronología de la colisión y su influencia exacta.