Un fósil de 236 millones de años indica que un antepasado muy antiguo de los mamíferos ya podría haber dado a luz crías vivas.
El espécimen pertenece a Chiniquodon theotonicus, un cinodonte del Triásico. Estos animales todavía no eran mamíferos, pero pertenecían a la rama evolutiva que daría origen a estos. Unos investigadores volvieron a examinar este fósil con una pregunta concreta: ¿el animal procedía de un huevo puesto o había nacido directamente del cuerpo de su madre?

Fósil de Chiniquodon - Fotografía tomada en el Museo de Paleontología de Tubinga
Imagen Wikimedia
Para comprender su razonamiento, hay que observar el crecimiento de los huesos. En muchos vertebrados, los tejidos duros registran cambios fisiológicos. Los investigadores identificaron en el fósil una marca interpretada como una línea neonatal. Esta corresponde a una modificación del crecimiento que se produce alrededor del nacimiento.
Esta huella es especialmente importante porque se encuentra en un individuo extremadamente joven. Por tanto, su desarrollo habría continuado después de ese acontecimiento. Los autores la consideran un indicio a favor de un nacimiento vivo, llamado viviparidad, en lugar de una eclosión clásica fuera del cuerpo materno.
El equipo también comparó el tamaño estimado de la cría con el de los adultos de la misma especie. Esta relación se parece más a la observada en mamíferos que dan a luz crías vivas. Así, varios indicios independientes convergen en el mismo escenario, aunque un fósil no permite observar directamente la reproducción.
La datación modifica considerablemente la cronología planteada. Chiniquodon vivió hace aproximadamente 236 millones de años, durante el Triásico. Si la interpretación es correcta, el nacimiento vivo habría aparecido en el linaje que conduce a los mamíferos unos 95 millones de años antes de lo que indicaban algunas estimaciones anteriores.
En otras palabras, varias características asociadas hoy con los mamíferos podrían haber comenzado a desarrollarse mucho antes de su aparición. Los cinodontes ya poseían una combinación de rasgos que anunciaba esta transición. La reproducción podría sumarse ahora a esa lista, con consecuencias para la manera en que los investigadores reconstruyen su modo de vida.
La viviparidad apareció de forma independiente muchas veces entre los vertebrados. Existe, en particular, en diversos peces, reptiles y mamíferos. Mantener el embrión dentro del cuerpo materno modifica su protección y los intercambios con la madre. Sin embargo, esta estrategia no implica automáticamente la existencia de una placenta comparable a la de los seres humanos.
Queda por determinar si Chiniquodon representaba un caso aislado o una característica más extendida entre sus parientes cercanos. Podrán buscarse otros fósiles de cinodontes, especialmente individuos muy jóvenes, para encontrar las mismas marcas de crecimiento y precisar cuándo se estableció esta transformación reproductiva.