Una inteligencia artificial puede detectar con hasta 12 horas de antelación ciertas regiones activas del Sol que aún no muestran ninguna manifestación visible en su superficie.
Estas regiones corresponden a fuertes concentraciones de campo magnético. Cuando alcanzan la superficie solar, pueden formar manchas oscuras. También son el origen de fenómenos más violentos, especialmente erupciones y expulsiones de materia solar capaces de afectar al entorno espacial de la Tierra.

El Sol observado el 14 de agosto de 2026 a 335 ångströms por el instrumento AIA del Solar Dynamics Observatory.
Crédito: NASA/SDO, equipos científicos de AIA, EVE y HMI.
El problema es que una región activa comienza a formarse bajo la superficie. Por lo tanto, las señales visibles aparecen relativamente tarde. Para ganar tiempo, un equipo reunido en torno al centro de investigación COFFIES de la NASA buscó rastros más discretos de este ascenso, presentes antes de la aparición de las manchas solares.
Los investigadores se apoyaron en los datos del Solar Dynamics Observatory, un satélite de la NASA que observa continuamente nuestra estrella. Estudiaron las pequeñas variaciones de las ondas acústicas que recorren el Sol. La materia magnética que asciende desde el interior perturba estas vibraciones antes de volverse claramente visible en la superficie.
Se entrenó una inteligencia artificial para reconocer la evolución de estas señales a lo largo del tiempo. Detecta una combinación de cambios que anuncia que una región activa está ascendiendo. Según la NASA, el método permite una anticipación de hasta 12 horas.
Este margen podría tener un interés concreto para la meteorología espacial. Las erupciones solares pueden enviar radiación energética y partículas cargadas al espacio. Algunos fenómenos perturban las comunicaciones por radio, amenazan a los satélites o aumentan la exposición de los astronautas. Por lo tanto, unas horas adicionales pueden ayudar a preparar a los operadores afectados.
Sin embargo, detectar la aparición de una región activa no equivale a predecir con precisión una erupción. No todas las regiones producen un fenómeno peligroso, y su comportamiento evoluciona después de emerger. Por tanto, la nueva herramienta añade información anticipada, pero no sustituye la vigilancia magnética ni los demás métodos utilizados tras la aparición de las manchas.
El equipo trabaja ahora para mejorar las previsiones y relacionar mejor las señales detectadas bajo la superficie con los fenómenos observados posteriormente. Este enfoque también podría proporcionar a los científicos nuevos datos sobre el ascenso de los campos magnéticos a través de las capas externas del Sol.