🦠 Un indicio sólido de una vida antigua de hace 3.500 millones de años

Una roca india de casi 3.500 millones de años ha conservado una firma química que los investigadores atribuyen a una vida microscópica muy antigua.

La roca procede del cratón de Singhbhum, en el este de la India. Se trata de un chert, una roca muy rica en sílice. Contiene finas capas oscuras cargadas de carbono, alternadas con capas más claras. Esta disposición recuerda a los tapetes formados por comunidades de microbios que viven unos sobre otros.

Unas rocas estratificadas de la India presentan posibles indicios de vida microbiana de hace 3.500 millones de años.

Unas rocas estratificadas de la India presentan posibles indicios de vida microbiana de hace 3.500 millones de años.

Para saber cuándo se formó este material, el equipo estudió diminutos cristales de circón presentes en la roca. Estos minerales contienen uranio, que se transforma progresivamente en plomo. Al medir sus proporciones, los investigadores obtienen una especie de reloj geológico. Los circones indican aquí una edad de 3.497 millones de años, con una incertidumbre de 5 millones de años.

Los científicos también analizaron el carbono que contiene. El carbono existe en varias formas, llamadas isótopos. Los organismos que captan carbono suelen favorecer el carbono 12, más ligero, frente al carbono 13. Esta preferencia deja una firma medible después de su desaparición.

En las muestras indias, esta firma alcanza aproximadamente -30,9 ‰ para la relación isotópica estudiada. Según los autores, este valor corresponde a un origen biológico. Los análisis mediante espectroscopia Raman también indican que una parte importante del carbono persiste en forma de querógeno, una materia carbonosa procedente de compuestos orgánicos antiguos.

No obstante, con rocas tan antiguas sigue siendo necesaria la prudencia. Durante miles de millones de años, el calor, la presión y la circulación de fluidos pueden transformar su contenido. Algunos mecanismos sin intervención de seres vivos también pueden producir indicios parecidos a trazas biológicas. Por eso, la asociación entre la datación, la organización en capas y la composición del carbono tiene más peso que un indicio aislado.

Existen posibles indicios más antiguos, especialmente en rocas de Groenlandia o en cristales australianos. Su interpretación sigue siendo objeto de debate. En este caso, el interés reside sobre todo en el vínculo directo establecido entre una roca datada con precisión y una firma carbonosa atribuida a la vida.

Los investigadores también consideran que la composición del carbono es compatible con mecanismos ya elaborados de fijación del carbono hace 3.500 millones de años.

Ahora, análisis independientes deberán poner a prueba la datación del depósito y su interpretación biológica. Las capas cercanas también podrían revelar otras estructuras microscópicas o firmas químicas que permitan reforzar o matizar este escenario.