Un estudio estima en aproximadamente 129 días la duración máxima durante la cual la atmósfera podría conservar una huella de su estado inicial. Esta cifra describe un límite físico teórico.
Actualmente, se considera que una predicción conserva información útil sobre la evolución general de la atmósfera durante unos 14 días. Cuanto más lejos se mira en el tiempo, más crecen los pequeños errores presentes al principio.

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El nuevo estudio aborda el problema de otra manera. No busca únicamente simular el crecimiento de errores diminutos. Los autores analizan cuánta energía contiene la atmósfera y a qué velocidad se renueva mediante los intercambios radiativos con el espacio.
Incluso con un conocimiento perfecto de la atmósfera, la radiación solar entrante presenta variaciones microscópicas imposibles de conocer con exactitud. Según los autores, este ruido aparece primero en las escalas más pequeñas. Posteriormente, los movimientos del aire lo transmiten progresivamente hacia fenómenos de mayor tamaño.
Después de unos 129 días, toda la energía presente al principio habría sido reemplazada. En el marco propuesto, la atmósfera habría perdido entonces toda memoria aprovechable de su estado inicial. Sería el límite absoluto, incluso con un modelo perfecto, observaciones perfectas y condiciones externas perfectamente conocidas.
Esto no significa, por tanto, que las predicciones meteorológicas clásicas pudieran volverse fiables hasta el día 129. Los investigadores estiman que el horizonte realmente útil podría, como máximo, ganar unos 57 días respecto a los 14 días actuales. En su escenario ideal, una calidad de predicción que hoy se obtiene a cinco días podría, por ejemplo, recuperarse hacia los 62 días.
El resto corresponde a una información mucho más débil. Entre aproximadamente 72 y 129 días, se referiría sobre todo a movimientos atmosféricos muy grandes, con poco interés para predecir la lluvia o la temperatura de una ciudad. No obstante, esta parte podría interesar a ciertos usos científicos especializados.
Esta estimación se basa en varias hipótesis, especialmente en la manera en que el ruido se propaga entre los distintos tamaños de los movimientos atmosféricos. Los propios autores señalan que su resultado deberá ser confirmado o revisado por estudios independientes.
También queda por determinar qué fracción de los 57 días adicionales podría ser realmente accesible gracias a mejores observaciones y mejores modelos.