Un planeta aproximadamente doce veces más masivo que Júpiter orbita tan cerca de su estrella que un año entero allí dura apenas 3,25 días.
El objeto, llamado TOI-7475.01, ya había sido detectado gracias al telescopio espacial TESS. Este mide periódicamente la luminosidad de numerosas estrellas. Cuando un planeta pasa por delante de la suya, oculta una pequeña parte y provoca una disminución temporal de luminosidad. En el caso de TOI-7475, este tránsito dura unas 4,5 horas.

Estos tránsitos indicaban el tamaño y el período orbital del compañero, pero no directamente su masa. Por ello, los astrónomos observaron su estrella con el telescopio PST1. Obtuvieron 24 espectros de alta resolución, que permiten medir diminutas variaciones en la velocidad de la estrella.
Para entenderlo, un planeta no orbita alrededor de una estrella perfectamente inmóvil. Ambos cuerpos giran alrededor de un centro de masas común. La estrella realiza así un pequeño movimiento de vaivén. Este desplazamiento modifica ligeramente la luz recibida en la Tierra, lo que permite estimar la masa del compañero.
Las nuevas mediciones indican unas 12,0 masas de Júpiter, con una incertidumbre de 1,0 masa joviana. Este valor sitúa al objeto entre los planetas gigantes muy masivos. Su órbita muy corta también lo clasifica entre los «Júpiter calientes», gigantes gaseosos situados muy cerca de su estrella.
La distancia entre TOI-7475.01 y su estrella es pequeña a escala de un sistema planetario. Esta proximidad explica su revolución de 3,25 días. A modo de comparación, Júpiter tarda casi doce años terrestres en completar una vuelta alrededor del Sol.
Otra particularidad aparece en las mediciones: la órbita no es perfectamente circular. Su excentricidad alcanza aproximadamente 0,16. Esto significa que la distancia que separa al planeta de su estrella varía de forma apreciable durante cada revolución, a diferencia de una trayectoria casi redonda.
Esta forma interesa a los investigadores porque las interacciones gravitacionales entre un planeta gigante cercano y su estrella tienden, con el tiempo, a hacer que la órbita sea más circular. Por ello, los autores plantean que una órbita todavía elíptica podría ser compatible con un sistema relativamente joven. Sin embargo, esta interpretación requiere observaciones adicionales.
El seguimiento espectroscópico aporta así una medición que faltaba en las primeras observaciones de TESS: la masa del compañero. Nuevas mediciones permitirán precisar mejor la edad del sistema y comprobar la evolución de esta órbita tan cercana.