El telescopio espacial Swift vuelve a observar el Universo, pero el tiempo se le acaba.
La NASA volvió a poner en servicio dos de sus tres instrumentos científicos el 26 de agosto. Swift puede así reanudar sus observaciones en rayos X, ultravioleta y luz visible. Su tercer instrumento, destinado principalmente a detectar estallidos de rayos gamma, debería volver a estar operativo en las próximas semanas.

Ilustración de la nave espacial LINK (a la izquierda) sujetándose al observatorio Swift de la NASA para modificar su órbita. Esta operación finalmente no tendrá lugar.
Crédito: Katalyst Space
Desde febrero, la NASA había reducido voluntariamente su actividad para limitar su descenso hacia la Tierra. En particular, los paneles solares se habían orientado para reducir la resistencia de la atmósfera. Aunque es muy tenue a esa altitud, esta frena progresivamente los satélites.
Swift no dispone de un motor capaz de elevar su órbita. Lanzado en 2004, estudia principalmente los estallidos de rayos gamma, explosiones muy potentes observadas en el Universo. Puede orientarse rápidamente hacia un acontecimiento detectado y transmitir una alerta a otros observatorios.
Para prolongar su misión, la NASA había elegido una solución inusual: enviar otra nave espacial hasta Swift. El vehículo LINK, desarrollado por Katalyst Space, debía llegar hasta el telescopio, sujetarlo y elevarlo a una órbita más alta. Fue lanzado en julio.
Sin embargo, el plan fracasó antes de esa operación. LINK tuvo problemas para controlar su orientación en el espacio. El 19 de agosto, la NASA y Katalyst Space anunciaron que finalmente no intentaría sujetar Swift.
Por tanto, la situación de Swift sigue siendo frágil. La reciente actividad solar aumentó la resistencia encontrada por el satélite en las capas superiores de la atmósfera. Su descenso se aceleró entonces. No obstante, los meses pasados en una configuración que reducía esa resistencia le permitieron ganar tiempo.
La NASA vigila especialmente el umbral de los 300 km de altitud. Por debajo de esa altura, las operaciones se vuelven difíciles y el descenso se acelera rápidamente. Con el regreso de la actividad científica, Swift podría alcanzarlo ahora en uno o dos meses.
La misión LINK no ha terminado por completo. Aunque no eleve la órbita de Swift, su aproximación permitirá probar técnicas de mantenimiento de satélites directamente en el espacio. Estas pruebas podrán servir para futuras misiones capaces de intervenir en naves que no habían sido diseñadas para recibir una asistencia de este tipo.