Urano y Neptuno se parecen tanto que a menudo se los presenta como gemelos. Sin embargo, su composición podría contar dos historias muy diferentes.
Estos dos planetas son los más alejados del Sol. Tienen tamaños similares, un color azulado y atmósferas espesas. Se los llama gigantes helados porque contienen, entre otros elementos, agua, amoníaco y metano, en formas muy diferentes de las que conocemos en la Tierra.

Urano y Neptuno, con la Tierra a modo de comparación.
Lunar and Planetary Institute from Houston, TX, USA · CC BY 2.0
Durante mucho tiempo, los astrónomos pensaron que se habían formado a partir de materiales similares, en la misma gran región del joven Sistema Solar. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que Neptuno posee mucho más oxígeno que Urano en las profundidades de su atmósfera.
Los investigadores estudiaron un gas presente en las capas superiores de sus atmósferas: el monóxido de carbono. Su cantidad proporciona indicios sobre los elementos químicos ocultos mucho más abajo.
El equipo comparó estas observaciones con simulaciones del funcionamiento de las atmósferas. En particular, tuvo en cuenta los movimientos que transportan los gases entre distintas altitudes y las diferencias entre las regiones de los planetas. Los cálculos indican que las capas profundas de Neptuno serían considerablemente más ricas en oxígeno.
Cuando se formó el Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años, la temperatura variaba según la distancia al Sol. Dependiendo del lugar, el agua y otras sustancias podían condensarse en partículas sólidas o permanecer en forma de gas. Por tanto, los materiales disponibles para fabricar los planetas no eran iguales en todas partes.
Los investigadores compararon las composiciones estimadas con modelos del joven Sistema Solar. Los materiales que formaron Neptuno se encontraban mucho más cerca del Sol, a diferencia de los de Urano. Por tanto, los dos planetas no necesariamente crecieron en el mismo lugar, y una migración planetaria pudo situarlos después en las órbitas que ocupan actualmente.
Sin embargo, esta explicación requiere comprobaciones. Los cálculos dependen, entre otros factores, de la velocidad a la que circulan los gases en las atmósferas, algo difícil de conocer sin realizar mediciones sobre el terreno. Las diferencias en su evolución posterior también podrían haber desempeñado un papel.
Los científicos necesitan nuevas observaciones y, sobre todo, una sonda capaz de estudiar Urano de cerca. Las similitudes —o diferencias— entre ambos planetas quizá oculten una parte importante de la historia de nuestro Sistema Solar.