La evolución del cerebro de los primates no parece haberse basado inicialmente en un crecimiento autónomo del lóbulo frontal, a menudo asociado con funciones cognitivas avanzadas.
Un estudio publicado en Science relaciona en mayor medida la expansión del neocórtex con las regiones implicadas en la visión. Los fósiles aportan aquí un elemento decisivo, ya que permiten seguir esta transformación en linajes actualmente extintos.

El neocórtex corresponde a la capa externa del cerebro implicada en numerosas funciones sensoriales, motoras y cognitivas. En los primates, ocupa un lugar importante. Sin embargo, determinar qué zonas impulsaron su expansión a lo largo de la evolución sigue siendo difícil, sobre todo cuando solo se dispone de cráneos fósiles.
Para sortear esta limitación, los investigadores utilizaron endomoldes digitales. Se trata de reconstrucciones tridimensionales de la superficie interna del cráneo, que conserva indirectamente ciertas características de la forma del cerebro. Este método permite comparar especies actuales y fósiles sin disponer de tejido cerebral.
El equipo examinó así cómo evolucionaron entre sí distintas partes del neocórtex. El resultado no corresponde a la imagen de un lóbulo frontal que hubiera crecido por separado para sostener por sí solo el aumento de las capacidades cognitivas. Las variaciones observadas están más relacionadas con las regiones visuales.
Este punto es especialmente importante en los primates. Su historia evolutiva está marcada por una fuerte dependencia de la visión, con ojos orientados hacia delante y un procesamiento avanzado de la información visual. Ver en relieve, localizar objetos o guiar con precisión los movimientos de las manos exige procesar mucha información procedente de los ojos.
La expansión de ciertas zonas visuales podría haber provocado así reorganizaciones más amplias del neocórtex. El cerebro no evolucionaría, por tanto, como un conjunto de módulos totalmente independientes. Una modificación importante en un sistema sensorial puede ir acompañada de cambios en otras regiones conectadas con dicho sistema.
El lóbulo frontal sigue teniendo, no obstante, un papel importante. En los primates actuales, esta región participa especialmente en la planificación, la toma de decisiones y el control del comportamiento. El estudio no cuestiona estas funciones. Más bien pone en duda la idea de que su aumento independiente baste para explicar la evolución general del neocórtex.
Los fósiles también exigen una prudencia especial. Un endomolde informa sobre todo acerca de la forma y de ciertos límites visibles en la superficie del cerebro. No permite conocer directamente el número de neuronas, sus conexiones ni el funcionamiento preciso de cada zona. Por tanto, los autores pueden comprobar relaciones anatómicas a gran escala, pero no reconstruir la actividad cerebral de un animal desaparecido.
El siguiente paso consistirá en contrastar estos resultados con más fósiles y con los datos anatómicos de los primates actuales. Nuevas reconstrucciones podrán precisar, en particular, en qué momento se establecieron los cambios relacionados con la visión en las distintas ramas del árbol evolutivo de los primates.